Andrés del Mar: El baterista que canta

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Andrés del Mar es una suerte de chileno-venezolano, casi norteamericano. Y es que este músico de padres chilenos, nació y vivió en Venezuela los primeros años de su vida, porque su papá trabajaba en ese país. Cuando Andrés tenía 3 años su familia regresó a Chile y desde ahí su corazón y su acento se hicieron chileno. Vivió acá hasta terminar la universidad y luego agarró sus pilchas y se fue a vivir a California, Estados Unidos, con la idea clara de hacer música, grabar un disco y poder mudarse a la cosmopolita ciudad de New York.

Por María de la Paz Roccolano

Adicto a la buena mesa, a las empanadas chilenas, las arepas y a la comida venezolana se describe como un sensible e introvertido compositor de ideas, que sufre de una inquietud crónica aguda e incurable.

De niño siempre fue muy inquieto, incluso lo expulsaron de sus clases de piano por ser demasiado energético, el paso siguiente: sus padres lo inscribieron en clases de batería, cuyo amor fue a primera vista. Los que no estaban muy contentos eran sus profesores de colegio, esto porque lograba acabar con la paciencia de ellos al percutir todo lo que encontrara a su alrededor.

Su primer grupo musical lo tuvo a los 15 años, era el “pequeño” baterista de la banda, dado que los otros integrantes ya estaban en la universidad. Todos tenían que afeitarse a diario menos él. Se juntaban todos los sábados a tocar covers de Nirvana y Pearl Jam, y es que la música la lleva en la sangre debido a que su abuela cantaba ópera y su tía Arlette pertenencia a la banda de fusión Fulano y fue ella quien le enseñó a cantar y lo puso en contacto con estilos de música que conocía sólo de nombre.

Fanático de los libros de Julio Cortázar y el rock progresivo, partió como baterista y estuvo en una misma banda por mucho tiempo, cuando esta se desintegró buscó otros músicos para hacer un nuevo proyecto, pero al no encontrarlos, decidió cantar sus propias canciones. Le pidió a su tía Arlette que le diera clases de canto, a su primo que le prestara una guitarra acústica que no usaba y a su hermano, que estudiaba composición musical en ese momento, le dijo que facilitara sus textos de estudio y que le ayudara explicándole los conceptos.

De carácter fuerte y a veces incomprendido, su influencia número uno fue la música que su padre escuchaba y los cassettes de sus bandas favoritas de rock que ponía en la radio del auto cuando lo llevaban al colegio, así conoció a los Beatles, The Doors, Charly García y Led Zeppelin. Luego, su vecino le prestó un CD de su hermano mayor “Master of Puppets”, que según su opinión era el mejor disco de Metallica. Inmediatamente compró ese disco, lo escuchó un mes completo sin parar y quiso tener una batería gigante como ellos. Ya más grande comenzó a prestar oído a bandas como Nirvana y Rush, cuya inspiración hizo que pasara horas y horas tocando sus canciones y practicando después del colegio.

Como compositor los que más lo han influenciado son Tom Jobim, The Beatles, Silvio Rodríguez y Charly García, todos ellos utilizaron cadencias de acordes, modulaciones, intercambios modales que, según Andrés, “sacan aplausos por geniales”. En estos últimos meses está escuchando por sobretodo a Rush, Génesis, Miles Davis, Sui Generis, Djavan, A-ha y Cat Stevens.

Gratificante y genial

El camino que ha transitado, según sus propias palabras, ha sido “gratificante y genial” y es que este baterista que canta ha sabido llamar la atención, puesto a que son muy pocos los músicos que realizan ambas interpretaciones. “La gente está acostumbrada a que el cantante sea generalmente el guitarrista de la banda, pero este estilo ha sido un plus, debido que en los shows me siento en la batería después de cantar y la reacción del público siempre es muy buena” señala el músico.

El año pasado, Andrés del Mar ganó como Mejor video musical latino en el Slam Fest del 2010 de New York, reconocimiento que ha sido un gran honor y que le ha provocado una inmensa emoción. Y es que nunca se imaginó que desde esa primera junta con José Manzano (director del vídeo) en un restaurante de Queens, New York en donde comenzaron a tirar ideas sobre la mesa, iba a tener tanto éxito y repercusión.

“La idea siempre fue hacer algo diferente, un concepto en donde queda la duda si es un sueño o realidad, además ver un conejo blanco de casi 2 metros de estatura caminando por las calles de Manhattan no deja de ser curioso, apareciendo incluso debates en Internet sobre el significado psicológico de este. Las teorías más aceptadas son: que el conejo es mi alter ego o que es una ilusión de mi doble personalidad” concreta Andrés.

Ganar el premio le ha dado más oportunidades e hizo que la gente lo reconociera más en la calle. Lo han entrevistado para medios colombianos, ecuatorianos, y han aumento las visitas a sus sitios web como Facebook y Twitter, además de acrecentar la cantidad de shows.

Por lo pronto Andrés estará en proceso de edición de un nuevo vídeo musical para la canción “Quizás, Tal Vez, No Sé” que se filmó en un bosque en Queens, New York y el director fue nuevamente José Manzano. Luego pretende visitar México para empezar a promocionar el disco en ese país y a fines del 2011 comenzará a trabajar en el segundo disco, del cual ya tiene varias canciones que están compuestas pero que están en espera de ser grabadas. Conclusiones finales: Tenemos a Andrés del Mar para rato…

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