Primera Persona Singular VIII

Llegamos hasta el edificio y tomamos el ascensor. Piso 4. Espejos. Comenzamos a besarnos y no paramos hasta llegar a la puerta. Abro. Caemos en la alfombra. Suena Portishead y tiro la cartera contra la puerta, cerrándola de golpe.

Por: Sofía Arteaga

– ¿Aló?

– Hola. Soy yo.

– Hola yo – sonríe Katya al teléfono- ¿Cómo llegaste?

– Bien, todo bien. Hablé con la Maca

– ¿En serio?- y suena el ruido del encendedor prendiendo un cigarro

– En serio. Ahora debe odiarme

Y le cuento lo que pasó.

– Quiero verte, Katya- le digo

– Yo también. ¿Voy para allá o tu vienes para acá?- pregunta

– Ven acá. Aprovechas de conocer mi depa y conversamos un rato

– Oka, me arreglo y tomo un taxi.

– Cuando llegues a Escuela Militar, bájate en el Súper y pínchame el celu. Yo bajo a buscarte

– Esta bien, corazón de gato

– Me gusta que me digas corazón de gato

– Corazón de gato, corazón de gato- susurra ella

– Miau- río por teléfono- Nos vemos pronto, linda

– Nos vemos, preciosa- y cortamos.

Reviso el depa. La señora del aseo dejó todo impecable. Sabanas limpias, la ropa lavada. Voy al refri. Puras cosas normales. Agarro mi cartera y llaves y bajo al súper a comprar cositas ricas.

Un vino, chocolates, unos mangos increíbles y una botella de vodka. Cigarros. quesos varios, galletitas y un par de baguettes. Aceitunitas rellenas. Una bolsa de café de grano, un par de cajas de Twinings

Cuando salgo, veo que aún esta el niño que vende rosas en la esquina. Le hago una señal y viene. Compro una docena de rosas rojas y camino hacia el depa.

Si, ya sé que suena cursi, pero quería que esa noche en mi depa fuera perfecta. Como la cita ideal, como la noche de ternura y amor y todo que nunca había tenido.

Camino cargada hasta el edificio, con la media sonrisa. El conserje me ve y sonríe. “Parece que le regalaron rosas” me dice. Yo solo me río otro poco.

Ordeno todo. Pongo los quesitos y aceituna en una tabla, junto a unas frutas secas. Saco un par de copas. Prendo otro incienso, busco el CD de Portishead y lo pongo en el equipo. Teléfono. “Estoy abajo” me dice Katya “Voy al tiro” contesto.

Bajo. Camino hasta el súper. La reconozco de inmediato y ella me ve. Me saluda con la mano. Llego hasta ella y le doy un beso que espanta a una vecina que sacó a pasear a sus poodles toys. Se ríe.

– ¿Viste su cara?- murmura a mi oído

– Si, pero no importa

Ambas nos reímos. Nos abrazamos y besamos de nuevo, entre los murmullos de la señora y los ladridos histéricos de los perritos. “Que indecencia” oigo

– Somos indecentes, Shofi

– Que importa. Vamos. Tengo unas cositas ricas en el depa

– Partiendo por ti, corazón- susurra Katya

Llegamos hasta el edificio y tomamos el ascensor. Piso 4. Espejos. Comenzamos a besarnos y no paramos hasta llegar a la puerta. Abro. Caemos en la alfombra. Suena Portishead y tiro la cartera contra la puerta, cerrándola de golpe.

– Nunca me había sentido así con nadie, Katya- le confieso, mientras le doy un beso en el cuello

– ¿En serio?- pregunta ella

– Así es, señorita

Amanece y estamos en la cama. Silencio. Nos apretujamos una contra la otra, para que no entre el frío.

– Mañana es domingo. Tengo que ir a comer donde mis viejos. Que lata

– ¿No que iba a ir la Maca con su novio a eso?

– No se si ir o no. Va a quedar la caga. Lo sé. Mis viejos son muy tradicionales, ya sabes, de misa y todo.

– ¿Vas a contarles?- me pregunta Katya

– No se que voy a hacer- suspiro- Solo se que quiero estar contigo, como ahora

– Que romántica me saliste, Shofi

– Soy la última romántica del mundo- canturreo, entre las risas de ella.

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