Cinexperiencias: Camino a casa y Nueces para el amor

Published on febrero th, 2012

Quizás por que no soy muy asiduo a los grandes clásicos del cine, es que cuando pienso en una película de amor, lo primero que  viene a mi mente no es la señorita O’hara y su amante el señor Butler. El amor para mí se grafica en dos películas de latitudes tan distantes como son China y Argentina.

Por Horacio Loyola

Hace 3 años más o menos un día de invierno, y después de una desilusión amorosa, comencé a buscar una película que me llevara al más profundo de los avernos sentimentales, es así como llegué a “Camino a casa” (Wo de fu qin mu qin) del director Zhang Yimou (Sorgo Rojo, La linterna roja, Keep cool y Ni uno menos).

Esta cinta es una especie de docuficción, y cuenta la historia de un profesor que llega por esos misterios del destino (juguetón hasta el cansancio) a hacer clases a un pueblito perdido en las montañas chinas. Allí conoce a su gran amor, todo esto en el contexto de una China comunista y muy dura, que no duda en usar y “desusar” a su gente. La historia no pasaría de eso, pero tiene algunos condimentos que sin duda la hacen (al menos para mí) inolvidable. Todo es relatado por el hijo de ambos, quien en ese momento está haciendo los preparativos para trasladar el cuerpo de su padre adonde su madre quiere enterrarlo. El director juega con los blancos, negros y colores. Y nos lleva conscientemente a profundizar en el pensamiento de que el amor es una visión colorida de las cosas. Esto gracias a que toda la maravillosa y triste (a ratos) historia de amor es llevada hasta nuestros ojos en un color y una fotografía alucinante, en cambio el relato del hijo, aunque sucede en tiempo presente está en el más deslavado de los blanco y negro. Esto sumado al largo camino que significa dejar a un ser amado en su último destino terrestre, logran sin duda que hoy a 3 años de haber conocido a esta preciosa pareja de amantes aún piense en ellos como la ilusión perfecta del amor eterno.

La sutileza del cine oriental y ese loco afán de sugerir más que de contar convierten a esta cinta en un verdadero canto lírico. “Camino a casa” ganó el Oso de Plata y el Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Cine de Berlín 2000.

Finaliza “Camino a casa” en el instante preciso en que puedo abordar el vuelo imaginario que me llevará a la Argentina de Charly y Nito; un tren y una mirada, son el inicio de “Nueces para el amor” del director Alberto Lecchi (Perdido por perdido y Operación Fangio y guionista de la gran…”Un lugar en el mundo”). Este sentimiento cinematográfico es una especie de crónica al amor y al desamor, a la belleza la ternura y la estupidez (un recurrente en mi vida amorosa).

Marcelo era apenas un niño de secundaria cuando conoció a Alicia una mujer, con bastante más mundo. Su primera relación, su primer amor, su primer desvelo, su primer mariposeo estomacal. Para Alicia tal vez algo pasajero que sin embargo se le encajó en el alma para siempre. Esta cinta además es una visión de  la dictadura militar de Videla y de los acontecimientos políticos posteriores en Argentina. Así recorremos la vida de estos personajes y la cinta va jugando con sus reencuentros, 7 años más tarde en Madrid cada uno con historias paralelas y disímiles, 8 años mas tarde nuevamente en un tren… y finalmente 8 años más para qué…

“Nueces para el amor” no es recomendable beberla en un momento de desilusión como sí lo es “Camino a casa”, así es que si lo hacen me libero de toda posible culpa frente a cualquier tipo de auto-fatality.

Las nueces de Lecchi son un canto a esas relaciones que podrían haber sido lo más importante de nuestras vidas, pero que sin embargo no fueron por miedos, condicionamientos previos o inmadurez. Este pequeño fruto tan sabroso consiguió el Gran Coral a la mejor película en el Festival de Cine de La Habana 2000 y formó parte de la selección oficial del festival de Cine de Valladolid 2000.

Porque estoy escribiendo de esto, debe ser porque hoy cuando desperté me sentí igual que hace 20 años atrás, y aquella compañerita me hacia temblar y era mi más grande motivación para soportar las tediosas clases. Esos días en que levantarse no era un tormento, el tormento era que terminarán el día, pero tenía la esperanza que al próximo amanecer podría verla nuevamente. Y llegaba ese día y ahí estaba, y las piernas temblaban, el corazón se aceleraba, no eran mariposas si no terodáctilos los que tenía en mi estomago, y apenas sacando la voz, se me escapaba un pequeño hola!!!… y pasaba por su lado, como si ese saludo fuera el más grande orgasmo que pudiese sentir. No sé cómo podría llamarse, ilusión, amor infantil, inconsciencia de adultez, qué se yo… Lo que sí sé es que sentir eso cuando tienes una par de décadas más es casi un milagro, porque los amores se van haciendo maduros, y si tienes esa impulsividad que tenías cuando eras un niño, sin duda serás condenado a portar el cartelito de “Pendejo inmaduro”. Pero si logras hacer un gran racconto de tu vida, y eres capaz de volver a tu primer gran amor y trasladar esos sentimientos a tú “madurez” actual, sin duda lo agradecerás.

Yo mientras tanto cada día me levanto con los deseos de verte, los murciélagos hacen nidos en mi estomago y aunque no te conozca se que estás ahí, es por eso que puedo sentirte, sólo tengo claro que algún día con solo mirar tus ojos te voy a reconocer, igual que allá por los años 80…  ¿Acaso recordar no es siempre revivir un poco…?

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