B-52 en Chile: Una algodón dulce

Un comienzo un poco lento, así fue el puntapié inicial de la velada del miércoles 2 de octubre en el casino Monticello. Con poco público Los lentos trataron de hacer vibrar el espacio con todo el ánimo de un vocalista carismático y con un set list sin mucha creatividad. Buen ritmo, pero poco novedoso es la mejor descripción. Luego de una primera impresión desamparada de súbito el local estuvo casi completo, con una asistencia que probablemente fue transportada en los autobuses que salían de la estación del metro escuela militar.

Por: La Chica de la naranja

Así, con un grupo de numerosos entusiastas The B’52 subieron al escenario. Era la segunda vez que los escuchaba en vivo. La primera, hace 21 años en la pista atlética del Estadio Nacional, lugar en donde no lució tanto el sonido, ni se pudo experimentar cercanía con el grupo, mucho menos para una adolescente que estaba en la tradicional “galucha”. Sin duda el espacio que ofrece el Monticello permitió una proximidad adecuada para la buena relación que establecieron Kate Pierson, Cindy Wilson y Fred Schneider, quienes no perdieron oportunidad de estrechar las manos de los asistentes que se ubicaban en las primeras filas. Particularmente la amorosa Cindy se dio el tiempo no sólo de tocar sino de sostener entre sus manos aquellas que se le ofrecían desde abajo.

Las voces de los tres están impecables, igual que la energía que ponen en escena. Ya no se ponen las llamativas pelucas pero mantienen un estilo muy a lo B’52 que sin ignorar el paso del tiempo los identifica. Cindy sobria de rockero negro, Fred vestido con pantalón a rayas en tonos cafés y azules y Kate, más llamativa, de pantalón ajustado a rayas negras y blancas con su pelo siempre rojo, mención especial a sus zapatos, notables y hermosos.

El concierto se inició con la vocalización de Kate Pierson interpretando Planet Claire lo que de entrada mostró el regalo que es su voz. Luego de cuatro temas Cindy quedó sola en el escenario interpretando Girl from Ipanema goes to Greenland, un armónico momento, que fue intento de intimidad y comunicación de la cantante con sus fans que tuvo excelente respuesta. El sonido estuvo bien en general, fue potente y se lucieron las armonizaciones de las chicas y el particular tono de sprechgesang de Fred. El punto negro lo encontramos a la mitad del concierto cuando sonó Roam, las dulces voces de Kate y Cindy impecables se confundían con un problema de sonido. Loveshake sonó incompleta en cuanto a instrumentos pero igualmente bien. Este par de detalles casi ni lo notó el público que estaba feliz y encantado por el grupo.

Los asistentes se caracterizaron por ser multigeneracionales aunque más bien cargados a los 30 – 40 e incluso más, pero en la flor de la vida. Así, Los asistentes se la cantaron y bailaron “toda”, sudados como adolescentes luchando por acceder a la valla y no faltó quien tomó el micrófono de Cindy y cantó a todo pulmón Love Shack y Rock Lobster, circunstancia de la que se tomaron Fred y Kate también ofreciendo la voz a su público. Tampoco faltaron los regalos a las chicas como chocolates, creo haber visto un paquete de rocklets en la mano de un fan que deseaba entregárselo a la guapa de Kate. Al escenario logró llegar un algodón de dulce que en la mano de Fred pasó a ser parte del show, jugaron un rato con él y luego volvió al público. Un gesto poético y retro fue el alzar cassettes originales de God Stuff y Cosmic Thing situando en un objeto histórico el momento en que el grupo se consolidó. Memoria visible para los que desde hace años disfrutamos de este grupo y que no olvidamos tampoco la participación en los 90’ de Kate y Fred en la canción de ese cartoon de Nickelodeon, Rocko’s Modern Life.
Personalmente hubiese querido escuchar también Topaz de los temas más lentos. Punto extra hubiese sido que además, la fuerza, colorido, sentido del humor y la alegría que entregan The B’52 se hubiese convertido en eso mismo, una fiesta. Esto hubiese significado tomar las palabras que Pierson usó en una entrevista con la Radio Concierto para definir su grupo, que aunque cercano al New Wave no puede ser considerado como tal, sino como una banda para bailar. Pensando en eso, pese a que el Monticello estuvo bien, tampoco hubiese estado mal calendarizar el concierto un fin de semana y ocupar el propio Caupolicán o la Ex Oz donde algunas ya hemos disfrutado de otros grupos no tan masivos pero si importantes.

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