Beck en Chile, una deuda por cumplir

Jueves 7 de Noviembre, 2013. Pista atlética del Estadio Nacional. Día y lugar en que se cumplió una deuda pendiente desde hace años: Blur se presentó por primera vez en Chile. Un concierto largamente esperado, ya por generaciones. Porque la banda liderada por Damon Albarn, formada en 1988 (bajo el nombre “Seymour”, cambiado a “Blur” en 1990), ícono del llamado “brit-pop”, ya había flirteado con Chile, en el año 1999, pero  por recomendaciones de la Embajada del Reino Unido, la misma productora responsable de traerlos ahora, informó que el concierto sería cancelado debido a razones políticas: el ex-dictador Augusto Pinochet estaba detenido en Londres y la embajada temía por represalias de parte de los “simpatizantes” del ahora difunto militar.

Por Daniela Lobos Pérez

El caso del cantante norteamericano Beck, es totalmente diferente. Esta fue su segunda vez en Chile y, tal como la primera vez, ese 5 de Diciembre del 2007, vino como “telonero”, en ese entonces acompañando a The Police, ahora junto a Blur. Sin duda es un gran privilegio poder ver a 2 artistas en un mismo espectáculo, pero seamos sinceros, hace mucho que Beck merece un concierto propio. Con 11 álbums de estudio (el primero, “Golden Feelings”, editado en 1993), y decenas de éxitos, desde “Loser” hasta “I Won’t Be Long”, Beck cuenta con un público propio, que no necesariamente es el mismo público de Blur. Y eso se notó.

El show de Beck partió puntualmente según lo anunciado por la productora, a eso de las 20:00 horas. Pero en la entrada decía 21:00 horas, y eso se presta para confusiones, ya que no todos los asistentes pueden estar constantemente revisando las actualizaciones de la información en las redes sociales. Además la desorganización en la entrada al Estadio Nacional, que al momento de la apertura tenía sólo un acceso habilitado, causó que la larga fila que esperaba entrar tardara y algunos se perdieran parte del show del rubio cantante.

Aún con luz de sol, el primer tema fue recibido con energía por el público, “Devils Haircut” (“Odelay”, 1996). Lo seguirían “Black Tambourine” (“Güero”, 2005) y “Soul Of A Man” (“Modern Guilt”, 2007), en donde ya se notaría la diferencia de públicos específicos. Armado con su armónica, Beck logró encantar al público con “One Foot In The Grave” (de su segundo álbum “Stereopathetic Soulmanure”, 1994), interactuando espontáneamente y ganándose a los presentes. Beck es sin duda un músico talentoso, pero además, es muy carismático y eso queda demostrado al verlo en vivo. Siguió “Novacane” (“Odelay”, 1996) y “I Won’t Be Long”, single de este año, que no pertenece a ningún álbum, pero está disponible para Itunes. Beck bajó del escenario durante esta dulce canción y brevemente saludó a algunos fans. En “Get Real Paid” (“Midnite Vultures”, 1999) pudimos ver la otra faceta de Beck, porque este joven no sólo se lleva de maravilla con la guitarra y la armónica, sino que también con los sintetizadores y mezcladores. Aunque el rubio no se caracteriza por su buen español, “Qué Onda Güero” (“Guero”, 2005) siguió animando la espera de los fans de Blur. Ya anocheciendo, con “Soldier Jane” (“The Information”, 2006), de la mano de “Sissyneck” (“Odelay”, 1996), el “güero” aprovecha los beats y dice que no sabe si está permitido hacerlo, pero tras preguntarle al tipo de las bebidas y a “Cynthia”, animado por todo el público, comienza su interpretación del clásico “Billie Jean”, de Michael Jackson, (baile incluido), momento alto de su show, que no pasó desapercibido para ninguno de los asistentes. Y para seguir subiendo, el clásico que lo hizo conocido mundialmente, “Loser” (“Mellow Gold”,  1994).

No sólo Beck es muy empático, su banda en general tiene muy buena conexión, entre ellos y con el público. Más que demostrado en lo previo y también en “Girl” y “E-Pro” (ambas de “Güero”, 2005). Para cerrar la que sería su tercera presentación en Chile (si contamos una improvisada y “secreta” presentación de 10 temas en el Club Amanda el día anterior, 6 de Noviembre), la canción elegida fue “Where It’s At” (“Odelay”, 1996), en la cual Beck dio rienda suelta a su improvisación, hablándole a Santiago, relajándose en el suelo, contándonos sobre la soledad de su natal Los Angeles, y de cómo tomó un avión a medianoche hasta Santiago, para encontrar un amigo, y tal vez quedarse acá. Sin duda lo de Beck fue excelente, pero aún no salda la deuda con sus fans chilenos. Tanto él como nosotros merecemos un show con Beck como el plato principal.

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