Primera Persona Singular

Mi nombre es Sofía, pero me dicen Shofi. Estudié Diseño Gráfico en una privada, porque en la Prueba estaba media dopada de tantos relajantes musculares y me quedé dormida con el lápiz en la mano. Todos me tenían tan estresada con que con la Prueba se definía mi vida, que hasta mi abuela me regaló algunas de sus pastillas para que me las tomara si me daba cosa.

Sofía Arteaga

Da lo mismo. Ya salí de la U y estoy haciendo algunas cosas en una boutique de amigas en el Bellas. La excusa perfecta para trabajar como mono y salir a fumar viendo bellas figuras por el Parque.

Soy les. Leslie, lesbiana, gay, torti, fleta, como quieras decirle.

Me di cuenta de eso cuando iba en la U y me enamore de mi mejor amiga. Fue terrible. Sufrí como mono, porque ella no me pescaba y estaba súper embalada con su novio (que era mi versión masculina, debo decirlo. Muchas veces la Maca me dijo que si se había metido con Gustavo, era porque le recordaba mucho a mí. Tan ambigua la Maca, Diosito lendo) y nunca me pescó.

Una tarde, la Maca me dijo que tenía que contarme algo súper mega importante. Me junté con ella en el Casino de la U y pedimos un par de Cocas Light a la mesera.

La Maca me quedo mirando raro cuando prendí un cigarro. “¿Querís?” “Na, paso” “Ay hueona, ni que estuvierai embarazada” le dije.

Mutis de la Maca. “Hueona, estoy embarazada del Gustavo. Ya le conté y esta súper híper mega feliz. Me pidió matrimonio y le dije que yes po”

Yo me caí de poto. Estuve en blanco como media hora, escuchándola hablar de los detalles: que el vestido, que como quería la despedida de soltera, que su mamá estaba chocha porque amaba al Gustavo y su daddy feliz, que su sobrinita iba a llevar los anillos y que puta, que esperaba que yo fuera la madrina, obvio, gaia.

Me tomé la bebida, deseando que tuviera un poco de Stolichnaya en la cartera, pero ya sabes como es la cosa: cuando necesitas de verdad un trago, no hay nada.

Inventé algo y salí a caminar. Anduve mucho. Me fui de Apoquindo a Baquedano caminando.

Ya era de noche. Llegue a Pío Nono y me senté en un bar de la vereda a tomar una chela. Estaba plop, que querís que te diga.

La Maca, traicionándome así. La Maca, embarazada y con planes de matrimonio a todo trapo. La Maca, alejándose de mi y yo sin poder decirle que la quería.

Puta, terrible de amargada, me puse a conversar con unas minas de la mesa del lado. “Flaca, vamos a bailar mejor” me dijo una. “Las mujeres son como las micros: nunca corras detrás de una, porque siempre viene otra detrás”.

Ahí caché que las locas eran hueveadas. Pero como estaba tan down y bajoneada y todo, apague el celu, saque plata del cajero y me fui con ellas a Iluminatti.

Ahí comenzó la cosa. Esa noche era fiesta solo de chicas, organizada por una revista lésbica. Yo, hasta esa noche, nada con minas.

Solo minos. Y bueno, la Maca que me calentaba la sopa, pero a nivel teórico, tu cachai.

Me curé como monkey. Y se me apago la tele.

Desperté en un depa de Santa Isabel, con una niña de pelo corto durmiendo al lado mío. Yo, ahí, con cara de que onda. Ni te cuento de la resaca. Una de las peores de mi vida.

Me levanté piola de la cama y me fui a vestir al baño. El pelo horrendo, un tufo horrible y el maquillaje corrido. Me lavé la cara.

Cuando salgo, la niña de la cama me queda mirando, sonriente.

“Hola guapa. ¿Cómo dormiste?” preguntó
“Ehhh…supongo que bien” respondo- Sorry, tengo una resaca atroz. Disculpa lo desubicada, pero  ¿cómo te llamas?

Ella se ríe como gaviota. “Me llamo Katya. Pajarita de Dios, que manera de tomar anoche. ¿Quieres un jugo de naranja” y sonríe, mientras se levanta en pelotas de la cama.

“Bueno”, respondo, un tanto nerviosa, mientras desvío la mirada, tratando de no ver sus partes pudendas.

Así fue como conocí a Katya. Ella, preparando un café en la cocina, en pelotas y yo ahí, sonriendo como tonta, mientras sentía que las cosas iban cambiando de a poco.

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