La noche del sábado 11 de abril, Depresión Sonora aterrizó en Matucana 100 en Santiago de Chile, con un show que confirmó por qué su propuesta ha conectado tan fuerte con una generación marcada por la ansiedad, la sobre información y el desencanto.
Por Sebastián López
Foto por Sebastián Umaña
Desde antes que comenzara el concierto, el ambiente ya estaba cargado de expectativa. Un público mayoritariamente joven, entre lo introspectivo y lo eufórico, llenaba el recinto con esa energía contenida que solo necesita el primer acorde para explotar. No era un concierto cualquiera: era una especie de encuentro colectivo entre quienes encuentran refugio en letras crudas y directas.
El inicio fue inmediato y sin rodeos con “Éxodo 32:15-28”. Apenas pisó el escenario, el proyecto liderado por el español Marcos Crespo activó una respuesta instantánea del público. Las primeras canciones marcaron el tono: bases electrónicas oscuras, guitarras post-punk y una voz que, más que cantar, parecía confesar. La conexión fue evidente desde el arranque.
A lo largo del show, la banda mantuvo una línea sólida y coherente. No hubo grandes pausas ni artificios innecesarios; todo giró en torno a la música y la atmósfera. Repasaron canciones de su último disco, con canciones como “La balada de los perros”, “no te hables mal” o “La ley del pobre” y otros clásicos himnos como “Ya no hay verano” o “Como todo el mundo” (entre otros) y cerrando la noche con “Vacaciones para siempre” coreada con una intensidad casi terapéutica, transformando la melancolía en algo compartido. Ese fue uno de los grandes logros de la noche: convertir lo íntimo en colectivo.
El punto más alto llegó cuando la energía del público alcanzó su peak, con saltos, gritos y una entrega total que contrastaba con el tono emocionalmente denso de las canciones. Esa dualidad —bailar mientras todo suena triste— define muy bien la esencia de Depresión Sonora en vivo.
En lo técnico, el sonido estuvo a la altura, permitiendo que cada elemento encontrara su espacio sin perder esa sensación lo-fi que caracteriza al proyecto. La iluminación, sobria pero efectiva, reforzó el carácter introspectivo del show sin distraer de lo esencial.
Más allá de lo musical, lo que quedó claro es que Depresión Sonora no es solo un fenómeno de streaming: en vivo, su propuesta gana fuerza y sentido. Hay una honestidad que atraviesa todo el espectáculo, y que el público recibe y devuelve con la misma intensidad.
Su show en Matucana 100 no fue solo una presentación, sino una experiencia emocional compartida. Una noche donde la tristeza no pesó, sino que unió. Y donde quedó claro que, a veces, sentirse mal también puede ser algo profundamente colectivo.
Setlist Depresión Sonora en Chile 2026
- Éxodo 32:15-28
- La balada de los perros
- Generación perdida, diversión prohibida
- Estupefacientes
- Mala
- Sin volverme loco
- Dónde están mis amigos
- Dos adolescentes y su primer amor
- Guárdame este secreto
- Veo tan dentro
- Hay que abandonar este lugar
- Tú no me tienes que salvar
- Desordenarlo todo
- Me va la vida en esto
- Domingo químico
- No te hables mal
- Cómo será vivir en el campo
- Apocalipsis virtual
- Hasta que llegue la muerte
- Como todo el mundo
- Qué pena que nos vayamos a olvidar
- Fumando en mi funeral
- Ya no hay verano
- La ley del pobre
- Gasolina y mechero
- Vacaciones para siempre