Estrenada el jueves 26 de marzo de 2026, Matapanki es una película chilena dirigida por Diego “Mapache” Fuentes que mezcla ficción, drama y comedia en una propuesta visceral, caótica y profundamente política. Con una duración de 71 minutos, el filme se instala como una obra independiente que recoge la rabia adolescente, el espíritu punk y el desencanto social contemporáneo, transformándolos en una experiencia cinematográfica tan absurda como reflexiva.
Desde la mirada de su director, Matapanki nace como un catalizador creativo: una forma de canalizar ideas acumuladas desde la juventud, marcadas por la frustración, la rebeldía y la necesidad de cuestionarlo todo. La película se construye precisamente desde esa energía punk —contestataria, inadaptada, incómoda— que no busca respuestas fáciles, sino incomodar al espectador y confrontarlo con una realidad política cada vez más incoherente.
La historia sigue a Ricardo, un joven de la periferia que, tras consumir un misterioso brebaje, adquiere superpoderes activados por el alcohol. Lo que comienza como una fantasía de cambio social pronto deriva en un espiral de violencia, absurdo y consecuencias globales. Este viaje —casi kafkiano— refleja el caos del mundo actual: conspiraciones, agentes secretos y situaciones inverosímiles que, dentro del universo de la película, resultan completamente plausibles.
Uno de los aspectos más distintivos de Matapanki es su apuesta estética basada en la ética del “Hazlo Tú Mismo” (H.T.M). Ante la falta de presupuesto para efectos digitales complejos, la producción opta por soluciones artesanales: vestuario creado a mano, efectos prácticos y un enfoque creativo que prioriza la autenticidad por sobre la perfección técnica. Esta decisión no solo define su estilo visual, sino que también refuerza su identidad política y artística.
El carácter personal del proyecto se evidencia además en sus locaciones. Gran parte de la película fue filmada en Quilicura, barrio donde creció el director. Las calles, plazas y espacios cotidianos se transforman en escenarios cargados de significado, convirtiendo la obra en un homenaje íntimo a la vida de barrio, la amistad y la resistencia cotidiana. En ese sentido, Matapanki funciona también como una carta de amor a quienes han sentido el peso del sistema y, aun así, persisten.
Más que una simple historia, la película se plantea como un gesto de resistencia: una crítica al statu quo, una burla a las estructuras de poder y una declaración de existencia. Aunque no pretende cambiar el mundo, sí busca reflejar sus contradicciones, despertar conciencias y demostrar que, incluso desde los márgenes, es posible crear, cuestionar y seguir adelante.
En definitiva, Matapanki es una obra cruda, irreverente y honesta, que abraza el caos como lenguaje y el cine como herramienta de expresión y lucha.