Dame Area en Club Vita comenzó pasada la 1:00 de la madrugada, sin setlist visible y con el merch prácticamente agotado, aparece en escena el dúo proveniente de Barcelona. Lo que sigue no es un concierto convencional: es un ritual.
Por Paula Merlo
Desde el primer golpe, queda claro que su propuesta no busca agradar, sino impactar. La consigna se repite como mantra —electrónica dura— mientras las percusiones, insistentes y tribales, toman un rol central. No son acompañamiento: son columna vertebral. Cada golpe empuja el cuerpo, cada loop hipnótico construye tensión.
El show avanza sin pausas evidentes, sin concesiones, en una lógica casi performática. Hay descontrol, pero también precisión. Hay ruido, pero también identidad.
Dame Area no cabe en una etiqueta. Su sonido cruza el industrial contemporáneo con polirritmos, minimal synth, postpunk y EBM, generando una experiencia que cambia constantemente pero mantiene una esencia reconocible. En vivo, esa mezcla se vuelve más física que contemplativa.
Las influencias aparecen, pero nunca como copia. En el fondo del ruido y la estructura emergen rastros de música napolitana, el filo abrasivo de Big Black, la repetición obsesiva de Suicide y el espíritu de los proyectos ligados a Steve Albini. Sin embargo, Dame Area no cita: reconfigura.
No es casualidad que Pitchfork los haya incluído, con su disco Toda la Verdad sobre Dame Area como uno de los lanzamientos clave del 2024. En ese trabajo, el dúo —formado por Silvia Konstance y Viktor Lux Crux— se aleja de estructuras más melódicas para adentrarse en un territorio más crudo, más salvaje.
Sus influencias son claras, pero su enfoque es otro: no replicar, sino tensionar. Como ellos mismos han señalado, buscan hacer lo que sus referentes no hicieron. En ese cruce aparecen guiños al flamenco, al pop experimental de los 60, al metal y a la electrónica contemporánea.
Lo que ocurre en Club Vita confirma esa premisa: cada show es irrepetible. Y en esa incertidumbre está su fuerza.
