El viernes 21 de Noviembre en Teatro Coliseo, se produjo un ansiado encuentro: la banda británica Bôa se presentó por primera vez en nuestro país, frente a un público muy fiel, apasionado y joven.
Bôa está actualmente conformada de manera oficial por la cantante y guitarrista Jasmine Rodgers, el bajista Alex Card y el baterista/tecladista Lee Sullivan, sin embargo en el show sólo estuvo presente Jasmine Rodgers como integrante de la formación original. Esto no cambió los ánimos de los asistentes, quienes recibieron con calidez y energía a los músicos que los reemplazaron.
Por Daniela Lobos Pérez
Fotos por Istvan Milos
Bôa se formó en 1993 en Londres, por el hermano de Jasmine Rodgers, Steve Rodgers, en guitarra y voz, Ed Herten en batería y Paul Turren en teclados. Al poco tiempo, el integrante más longevo de la banda, el bajista Alex Card, fue reclutado y Jasmine fue invitada a cantar coros en uno de los temas de la banda, permaneciendo como la cantante principal. Cabe destacar que los hermanos Rodgers son hijos de Paul Rodgers, vocalista de la afamada banda inglesa Bad Company, aunque esto es más un hecho anecdótico, ya que Bôa se hizo un nombre por sí mismos.
Tras algunos cambios de integrantes y un cambio de estilo musical, en 1994 se integra Lee Sullivan en batería, quien también es hijo de un baterista inglés.
En 1998 firmaron con el sello japonés Polydor, lanzando el single “Duvet” poco antes de su primer álbum, “The Race of a Thousand Camels”, del mismo año (re-editado para Estados Unidos en 2001 bajo el título “Twilight”, con 2 canciones nuevas). “Duvet” fue elegido para ser el opening del anime “Serial Experiments Lain”, logrando éxito internacional y haciendo a Bôa reconocidos alrededor del mundo.
Tras su EP “Tall Snake” (2000), la banda cambió en 2001 de discográfica y realizaron su primera gira por Estados Unidos, junto al lanzamiento de su primer álbum re-titulado “Twilight”.
Bôa crearon un sello propio en 2003, con un sonido de rock alternativo y siendo una banda indie, lanzaron el EP “Get There” en 2005, mismo año en que Steve Rodgers decide abandonar la banda para seguir proyectos en solitario. Desde entonces Bôa se mantuvo inactiva, Jasmine se dedicó a su carrera solista y a sacar su título en psicología, Alex se dedicó a enseñar guitarra y Lee dividía su tiempo entre familia y proyectos musicales.
Diecinueve años después ocurrió algo inesperado, que cambiaría la historia de la banda: aquel antiguo opening de un anime de fines de los 90’s, se convirtió en un fenómeno viral en Tik-Tok, lo que explica en gran manera la increíble cantidad de fans jóvenes de la banda, muchos de los que probablemente ni siquiera nacían cuando disfrutábamos “Duvet” cada vez que veíamos un episodio nuevo de “Lain”. Esto no es tan sorprendente, Bôa es una banda cuya música tiene ese distintivo toque de rock alternativo de los 90’s, algo que nos lleva a la época de las bandas británicas con talentosas vocalistas mujeres y a su vez se siente atemporal. Gracias a ese “fenómeno de Tik-Tok”, los integrantes empezaron a recibir ofertas de discográficas. Así fue como Jasmine Rodgers, Alex Caird y Lee Sullivan volvieron a trabajar juntos como Bôa, lanzando en 2024 su nuevo material, el álbum “Whiplash”, dando lugar a la gira internacional que los trajo por primera vez a Sudamérica y a nuestro país.
La ausencia de Alex Caird y Lee Sullivan, según explicó Jasmine en el concierto en la ciudad de Dallas, Texas, el segundo de su gira por Estados Unidos, el 26 de Abril de 2025, ocurrió porque los músicos no lograron conseguir sus visas a tiempo.
Este hecho no pareció afectar en nada la excelente recepción por parte de la audiencia en Chile, con una gran cantidad de asistentes que conocían cada letra de cada canción, demostrando que Bôa y “Duvet” no tienen nada de “one hit wonder”.
A las 21:00 horas puntuales aparecieron en el escenario del Teatro Coliseo Jasmine Rodgers, el guitarrista Carlos Garcia, acompañados por los músicos de la parte Latinoamericana de la gira: Shannon Harris en teclados, Simon Francis en bajo y Jackson Ellis Leach en batería.
“Deeply” abrió el show e inmediatamente la calurosa noche en Teatro Coliseo se transformó en un encuentro entre almas afines. Un coro de voces cantaba junto a Jasmine, con emoción a flor de piel. Le siguió “Whiplash” y “Get There”, en la cual Jasmine tomó la guitarra, frente a un público apasionado y receptivo. ”Beautiful & Broken” demostró que los fans chilenos de Bôa conectan con la melancólica dulzura de la banda, siguiendo el coro de voces femeninas en la audiencia acompañando suavemente a la voz de la cantante inglesa. ”Searfer” fue seguida por otra favorita, “For Jasmine”, con el teatro coreando y sorprendiendo a la banda. De cierta forma, escuchar un coro de cientos de voces cantar estas canciones que, para muchos son de una poco conocida banda indie de los 90’s, evoca un sentimiento de conexión y atemporalidad, una cualidad que Bôa pareciera inspirar orgánicamente.
“A Girl”, seguida por otra predilecta, “Strange Few”, del más reciente álbum. En “Welcome”, Jasmine Rodgers dejó la guitarra, que había cambiado de una semi-acústica a una eléctrica y pudo interactuar más con su público, el que reaccionaba a cada gesto de la cantante, así como también a los momentos de intensidad entregados por la guitarra de Carlos Garcia y el bajo de Simon Francis, permitiendo a los músicos absorber la fuerza de la audiencia, la pasión que conlleva la espera por este momento de comunión musical.
A menudo los intentos de Jasmine de comentar algo al público se veían interrumpidos por cantos de los fans, lo que sinceramente pareció sorprender, no de mala manera, a la artista. Cuando presentó “Drinking”, hizo un comentario reconociendo lo joven de su audiencia y la emoción expresada por la canción a interpretar. Tomando nuevamente la guitarra, el Teatro Coliseo se llenó de luces, las del mismo celular que tantas veces molesta y tapa la visión cuando se está más atrás, esta vez usado para hacer luces brillar, lo que incluso hizo el tecladista Shannon Harris, quedando demostrado que los fans chilenos están ahí no sólo por Jasmine, están por la música de Bôa y la experiencia de vivirla en vivo y eso claramente se transmitió a los músicos.
Carlos Garcia cambió su guitarra y Jasmine dejó la suya, para interpretar una versión más acústica de “Frozen”.Nuevamente con sus guitarras correspondientes, “Angry” nos mostró que Bôa también puede entregar pasión en el escenario, con los tres músicos en frente, Carlos, Jasmine y Simon apoderándose del escenario con energía. Es difícil saber si Bôa esperaba crear una conexión tan cercana con su público, pero está claro que reciprocaron el sentimiento. En “Worry” Jasmine invitó al público a cantar apuntando el micrófono, creando mayor complicidad entre músicos y audiencia, esta última con una energía alta en todo momento.Esta interacción continuó en “Elephant” y “Fool”, con Jasmine soltando su cabello, cuando ya había pasado más de 1 hora de show.
Tras un receso de sólo unos minutos, Bôa volvió al escenario para el encore: “Twilight” y “Walk With Me”, dos favoritas, dieron paso a lo que sería el gran cierre, “Duvet”, coreada y ovacionada. Pero este no sería el fin, quedaba una sorpresa. “Anna Maria”, que no estaba originalmente en el setlist, cerró la noche. Incluso hubo antes un momento en que el micrófono de Jasmine dejó de funcionar, pero rápidamente fue resuelto (evitando flashbacks de lo que fue el final de Garbage en REC este año) y Bôa pudo despedirse de su público chileno con un regalo extra.
Es imposible decir que haya existido un momento bajo durante el show. A pesar de las primeras interrupciones del público con cantos como “olé, olé, Bôa, Bôa”, que sorprendieron a Jasmine en medio de decir el nombre de la canción que tocarían a continuación, ella y la banda se adaptaron rápidamente a este público apasionado y joven, pero lleno de admiración y cariño.
Los puntos más altos estuvieron en las mencionadas canciones favoritas y en la interacción y entusiasmo que se produjo entre público y banda. No es común presenciar un show con tan alta energía, con un público que notoriamente estaba ahí para disfrutar a concho y demostrar su fanatismo y una banda tan abierta a un público inesperado. Las palabras de agradecimiento de Jasmine Rodgers, diciendo a su audiencia que gracias a ellos podían estar haciendo música nuevamente y haciendo gira por el mundo, sonaron sinceras. Con la bandera chilena con el símbolo de Bôa pintado en manos de la banda, entregada por el grupo de fans organizados, cerró una noche calurosa, pero sumamente satisfactoria.