El sábado comenzó temprano y con ruido. Pervervisión, el festival con el que Pánico celebró y cerró sus 30 años de trayectoria, se vivió como una jornada extensa, intensa y coherente, donde la escena nacional fue protagonista desde el primer acorde.
El arranque estuvo a cargo de Estoy Bien, que instaló rápidamente un clima de energía directa y emocional. Su set funcionó como una apertura honesta, sin rodeos, conectando con un público que desde temprano respondió con atención y entrega.
Luego fue el turno de Hesse Kassel, una de las bandas más sólidas del circuito actual. Con un sonido denso, preciso y cargado de distorsión, reafirmaron su lugar dentro de la escena alternativa, elevando la intensidad y marcando uno de los puntos altos de la tarde.
Candelabro tomó la posta profundizando el costado más ruidoso y experimental del cartel. Su presentación fue áspera, potente y envolvente, empujando el sonido hacia terrenos más extremos y manteniendo la tensión del público en alto.
Ya entrada la jornada, Chini.PNG aportó un giro melódico y magnético. Con carisma y canciones que dialogan entre la sensibilidad pop y la independencia, su show amplió el rango sonoro del festival y confirmó su capacidad de conectar con distintas generaciones.
Con el escenario completamente encendido, Pánico apareció para cerrar la jornada con un show arrollador. La banda demostró que, tras tres décadas, su potencia sigue intacta: sonido crudo, actitud frontal y una energía que no apeló a la nostalgia, sino a la vigencia. El grupo se mostró afilado y feroz, sosteniendo un set que reafirmó su estatus como referentes del underground chileno.
Pervervisión no fue solo una celebración de aniversario, sino un cruce real entre pasado y presente, una jornada sabatina extensa que partió desde temprano y terminó dejando claro que Pánico sigue empujando los márgenes del rock chileno, con la misma convicción de siempre.