Love of Lesbian volvió a Santiago para reencontrarse con un público que no solo los esperaba: los necesitaba.
La banda catalana ofreció una de esas noches que funcionan como bálsamo emocional, donde cada canción abre una compuerta distinta a un recuerdo y el público se entrega sin filtros.
El show comenzó con la contundencia luminosa de “Ejército de Salvación”, una entrada que marcó inmediatamente el pulso de la velada: intensa, íntima y diseñada para derribar cualquier distancia entre banda y público. Desde ahí, la conexión fue inmediata.
Santi Balmes salió con su carisma habitual, entregando calidez en cada gesto y manteniendo una complicidad constante con quienes lo escuchaban.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando interpretaron “El Mundo”, acompañados por Fran Quintero, añadiendo una capa de cercanía que solo reforzó el espíritu de reencuentro que marcó la noche. Fue un instante de pausa y vulnerabilidad compartida, el tipo de detalle que transforma un concierto en un recuerdo colectivo.
La energía subió aún más cuando apareció “La Hermandad”, que desató el entusiasmo total. Ese es el tipo de canción que Love of Lesbian ejecuta con oficio: precisión instrumental, emoción contenida y una liberación que el público agradeció con gritos, saltos y brazos al aire.
El clímax nostálgico explotó con “Allí Donde Solíamos Gritar”: una canción que en Chile funciona como un himno generacional y que anoche se vivió como un estallido.
El Coliseo vibró desde el primer verso junto a la guitarra acústica tomada por Balmes para luego explorar con la banda completa.
Love of Lesbian dejó que el público tomara las riendas en varios pasajes, convirtiendo sus canciones en un coro masivo que erizó a más de uno.
Durante toda la noche, la banda se mostró cálida y generosa. Hubo humor, cercanía y un Santi Balmes particularmente entregado: recibió una rosa roja desde la primera fila, la levantó como si fuera parte de un ritual improvisado y luego la devolvió al público, provocando un estallido de risas y ovaciones. También se tomó el tiempo para saludar con dedicación a las personas de la primera fila, pregunta directa mediante: “¿Cómo la están pasando?”.
En medio de esa complicidad, Santi hizo una reflexión antifascista, breve pero directa, celebrada con fuerza por el público. Un recordatorio de que Love of Lesbian no solo canta sobre emociones: también entiende el contexto, la sensibilidad y las luchas del mundo que habitamos.
A nivel musical, la banda brilló con su habitual solidez. No buscan ser virtuosos por exhibición, sino por convicción. Las transiciones fueron fluidas, los arreglos bien cuidados y la entrega a sus fanáticos. Esa mezcla de técnica, emocionalidad y carisma es lo que convierte cada visita suya a Chile en un acontecimiento.
La noche terminó reafirmando algo que ya era evidente: Love of Lesbian no es solo una banda querida en Chile; es parte del mapa sentimental de muchos. Y anoche, en el Coliseo, volvieron a ocupar ese lugar con un concierto que fue abrazo, catarsis y emoción nostálgica.