El escritor Emilio Ramón está ad portas de lanzar su libro llamado «No somos Beethoven. Una genealogía del punk antes del punk”, el cual será presentado el 28 de febrero de 2026 en el Centro GAM. Aquí les dejamos, como adelanto, un capítulo dedicado a las bandas de garage rock de los años 60´s formadas exclusivamente por mujeres.
“What a Way to Die!”: las mujeres del garage sesentero
«Como es evidente leyendo cualquier historia del rock and roll, el género estuvo dominado por los hombres. También el surf y el garage rock. En los años 50 solo Wanda Jackson llegó a los rankings con temas como “Let’s Have a Party” o “Fujiyama Mama”, una canción que fue número 1 en Japón y que The Clash tocó en vivo en ese país en 1982. Otras cantantes, como Brenda Lee, tuvieron algunos coqueteos con el rock and roll, aunque sus carreras fueron más bien ligadas al pop más dulzón.
También estaba Sister Rosetta Tharpe, que era básicamente una cantante de góspel, pero también grabó desde los años 30 y 40 canciones donde puso elementos del blues y del swing, además de tocar la guitarra eléctrica. Su forma de tocar fue reconocida y admirada por rocanroleros como Chuck Berry, Little Richard y Elvis Presley, y hoy por fin se reconoce su influencia en el nacimiento del sonido rock and roll. Pese a todo ello, durante décadas su nombre quedó fuera del canon, en parte por ser mujer, afroamericana y por estar más relacionada al góspel.

En los años 60 aparecieron los llamados girl groups, bandas formadas por tres o cuatro mujeres quecantaban maravillosamente bien sus baladas: The Crystals, The Shirelles, The Marvelettes, TheShangri-Las o The Ronettes son algunas de ellas. Pero esas agrupaciones cantaban, no tocaban. Los instrumentos los ponían músicos varones, que además controlaban las grabaciones, la imagen y muchas veces hasta la carrera del grupo, con The Ronettes y Phil Spector como ejemplo más siniestro. A simple vista, pareciera que no hubo otras bandas cien por ciento femeninas en esadécada.
Pero solo a simple vista. Como casi siempre, hay que salirse del mainstream para encontrar lo másinteresante. En los garajes también se formaron decenas de bandas integradas solo por mujeres que tocaban sus propios instrumentos y, en muchos casos, componían canciones. No todas tuvieron éxito, la mayoría de ellas no pudo ni grabar un disco, pero existieron y fueron muchas.
La mayoría han llegado a oídos del siglo XXI gracias a la labor arqueológica de frikis que han dedicado sus vidas a bucear entre cintas y vinilos olvidados y los han compilado en discos que son verdaderos tesoros. Uno de ellos es Girls in the Garage (1987) y el otro, Lost Nuggets from the 60s: Girls in the Garage 1963–1967 (2020). En estos compilatorios puedes escuchar a decenas de bandas sesenteras de mujeres, pero ojo, en ambos hay también grupos donde los músicos eran hombres y solo la cantante era mujer. Las referidas en este texto, en cambio, están formadas exclusivamente por mujeres.
La mayoría de estas bandas cultivaban un sonido garage-pop, con claras influencias de los Beatles y de la invasión británica. Tal vez la más conocida de este grupo sea The Liverbirds, una banda originaria de Liverpool, la misma ciudad que vio nacer a los Fab Four. No son técnicamente una banda de garage: sonaban bien, tenían prensa, pero su espíritu es aguerrido y su música suena increíble, así que igual las pondremos sobre el papel.
Las Liverbirds, dijimos, eran de Liverpool, la ciudad portuaria del norte de Inglaterra que hasta antes de los Beatles nadie asociaba a la música, salvo, quizás, por Billy Fury. Pero tras la explosión de The Beatles, todas las bandas de Liverpool fueron apuntadas con el foco a ver qué tenían entre manos. Las Liverbirds fueron las únicas mujeres que aprovecharon la pantalla.

Siguiendo los pasos de Lennon y los suyos, las chicas tocaron varias veces en el legendario Cavern Club de la ciudad y luego viajaron a Hamburgo, donde se presentaron de forma regular en el Star-Club. En Alemania lograron cierta repercusión, grabaron un par de discos y varios sencillos, e incluso llegaron a figurar en el número 5 de las listas de éxitos alemanes con el cover de Bo Diddley, “Diddley’s Daddy”. Algunas canciones que dan cuenta de lo mejor de su estilo son “Talking About You” —original de Chuck Berry— y “Peanut Butter”, de The Marathons. The Liverbirds se disolvieron en 1968.
Al otro lado del charco las muchachas también fueron influidas por el éxito de los Beatles, y muchas bandas femeninas trataban de sonar como ellos. Pero en EE.UU. no había muchas oportunidades para grupos de mujeres y la mayoría se quedaron haciendo música bajo los códigos del garage. Era tanto el temita beatle que hubo varias bandas femeninas de garage-pop que escribieron canciones en diálogo directo con ellos. Un buen ejemplo es The Beatleettes con “Only Seventeen”, The Bootles con “I’ll Let You Hold My Hand” o la solista Bonnie Jo Mason con “Ringo, I Love You”. Un dato poco conocido: Bonnie Jo Mason era Cher, quien usó ese seudónimo al principio de su carrera.
Otras bandas de solo mujeres del garage-pop fueron The Puppets (busca “Ain’t Gonna Eat Out My Heart”), The Interpreters (“I Get the Message”), The Luv’d Ones (“I’m Leaving You”), The Virginia Wolves (“Land of 1000 Dances”), The Bittersweets (“Hurtin Kind”) y The Girls (“My Baby”), solo por nombrar mis favoritas.
Otra banda clave del garage-pop hecho solo por mujeres fueron The Daughters of Eve, de Chicago, la primera all-girls band de la ciudad. Estuvieron activas entre 1965 y 1968 y alcanzaron a grabar ocho canciones. Una de ellas, “Hey Lover”, pasó desapercibida en su momento, pero décadas después resurgió gracias a TikTok. La versión del artista alternativo Wabie, publicada en 2019 —con más de 200 millones de reproducciones en Spotify—, fue la que hizo que la canción explotara.

Dentro del garage más duro, lo que encontramos es escaso, pero con excepciones notables. Con un sonido fuerte, aunque más bien prolijo, “I’m Gonna Destroy That Boy”, de The What Four introdujo al menos a una voz donde la mujer toma la iniciativa en un cortejo y asegura que con sus dotes va a “destruir a ese chico”.
Otra banda son The Continental Co-Ets. Aunque contaban con un repertorio más tradicional, como el tema “I Don’t Love You No More”, también fueron más atrevidas en “Medley of Junk”, un instrumental surf salvaje con una vena garagera total; pero es con “Let’s Live for the Present”, grabada en 1966 —aunque solo publicada en 1994—, donde se acercan de forma más directa al espíritu del garage punk.
The Continental Co-Ets se disolvieron en 1967, dejando apenas cuatro canciones grabadas.
En 1966, con solo 14 años, Deborah Teaver fundó en North Miami la banda The Belles. El grupo grabó su tema original “Come Back” en Criteria Studios, destacando por su energía cruda, guitarras fuertes y una estética sonora desaliñada, pero poderosa. Gracias al apoyo familiar, en especial de la madre de Teaver como mánager, lograron presentarse en radios y concursos locales.
“Come Back” llamó la atención de Tiara Records, un importante sello de Florida, que les ofreció grabar un segundo single. Así surgió “Melvin”, un cover de “Gloria”, de Them, pero reescrita con roles de género invertidos y con el nombre Melvin en vez de Gloria. Según Seth Bovey se trataría de una “parodia feminista”, porque “darle al amante un nombre nerdy como ‘Melvin’ en vez de un nombre sexy como Gloria, hace de la canción una sátira”, además de que “la cantante con una voz descarada de chica dura, y la banda la ataca sin florituras, convirtiéndola en una audaz declaración de garage-punk” (82). En la revista Marvin fueron aún más entusiastas y dijeron que “es punk rock manufacturado en los años sesenta, sonido siniestro y delirante interpretado por un conjunto de jovencitas al norte de Miami”.
En The Belles, incluso su faceta más girl group resulta fascinante. Cuando grabaron “Come Back”, el lado B del sencillo fue una versión de “Unchained Melody” que, aunque desprolija, tiene un encanto particular que la vuelve muy disfrutable. Pero The Belles, como muchas bandas de garage, tuvo una historia breve. Se disolvieron por combustión espontánea en 1967, dejando apenas cuatro canciones grabadas como testimonio de su paso.
Sin embargo, en otro plot twist de esos que abundan en el garage, décadas después, “Come Back” se popularizó tras aparecer en la serie de Netflix The End of the F***ing World, alcanzando hoy casi tres millones de reproducciones en Spotify. Enhorabuena.

A The Pleasure Seekers muchos las recuerdan como la banda en la que empezó Suzi Quatro, pero fueron mucho más que eso. Al principio estaban Suzi y Patti Quatro, junto a Nancy y Mary Lou Ball y Diane Baker (que luego sería reemplazada por Arlene Quatro). Empezaron tocando en clubes de Detroit, sobre todo en The Hideout, compartiendo cartel con Ted Nugent, Bob Seger, Question Mark and the Mysterians, entre otros. Fue en el Hideout donde afilaron su estilo y se volvieron un pequeño fenómeno local. Patti Quatro lo contó así para The Austin Chronicle: “Empezamos como adolescentes. Había clubes como The Hideout por todo Michigan. Todos querían tener un grupo de chicas para atraer a los chicos. Estábamos de gira todo el tiempo. Las bandas de chicas eran tan inusuales que conseguíamos más conciertos que Ted [Nugent] y todos esos chicos de Detroit”.
Pero no eran una banda común de garage-pop. Sonaban más agresivas, se vestían con trajes de cuero negro cortos, botas altas y una actitud que desbordaba todo. Y, además, el nombre The Pleasure Seekers, es decir, las buscadoras de placer, atraía y asustaba al mismo tiempo.
En 1965, Dave Leone, dueño del Hideout, les ofreció grabar un single en su sello. Eligieron dos temas que ya venían tocando en vivo desde sus inicios. La cara A fue “Never Thought You’d Leave Me”, un tema garage-pop sin mucha diferencia frente a lo que hacían otras all-girls bands de la época. El terremoto estaba en la cara B: “What a Way to Die”, una canción absolutamente “en otra”. Producción lo-fi, guitarras a todo volumen, batería seca y una voz que muerde, apoyada por los gritos delirantes de Suzi Quatro. ¿Y la letra? Un golpe directo al mentón de todas esas canciones de amor edulcorado que circulaban.
La narradora le dice a su pareja: “Bueno, te amo, cariño […] pero, por favor, no me hagas decidir entre tú y una botella de cerveza […] Tienes el tipo de cuerpo que me hace sentir viva, pero prefiero tener mis manos alrededor de una botella de Colt”. Y continúa: “Puede que no viva más de veintiún años, ¡pero, WOO! ¡Qué manera de morir!”. En lugar del amor idealizado, ponen al mismo nivel (o incluso por encima) el deseo de beber, el placer inmediato. Humor negro, cinismo, que viniendo de una banda solo de mujeres es doblemente desafiante.
En “What a Way to Die” las Pleasure Seekers proponen puro deseo, sarcasmo, actitud y sonido desfachatado, más de diez años antes de que se hablara de punk rock.
Con el tiempo fueron cambiando su estilo, volviéndose más psicodélicas y en 1968 se convirtieron en una de las primeras bandas formadas solo por mujeres en firmar para un gran sello como Mercury. Y si bien su música se hizo más convencional, su actitud siempre la mantuvieron. Dice Patti Quatro en The Austin Chronicle:
Siempre teníamos la misma pelea con los ejecutivos. No sabían qué hacer con las mujeres. Se asustaban que te enamoraras y te casaras. Cualquier mujer en la música te dirá lo mismo. Tú entrabas a un club y te decían “oh, el camarín del vocalista está por allá”. “No, yo toco la guitarra”. “¿Ah?”. Oíamos ese tipo de comentarios todo el tiempo, “Wow, tocas muy bien para una chica” y mi respuesta siempre fue “¿oh sí? Bueno, chúpamela”. Nunca dejé de decirlo.
Para 1969 el grupo ya era otra cosa, así que sin empachos se cambiaron el nombre a Cradle y siguieron con su carrera unos cuantos singles más antes de desaparecer del mapa como grupo. Suzi Quatro hizo una carrera larga y exitosa, volviéndose una de las pioneras absolutas del rock hecho por mujeres y referenciada como inspiración por generaciones completas de rockeras.

Y así vamos subiendo el tono en actitud provocativa hasta que revientan los controles con The Ladybirds, una banda formada por mujeres que tocaban en topless.
Las Ladybirds tocaban covers de rock and roll y de rhythm & blues, pero lo que llamaba más la atención era su tenida. O más bien, la ausencia de tenida. En mayo de 1966 empezaron a tocar regularmente en el Tipsy Club de North Beach y tuvieron un éxito tal que en julio de 1967 se fueron de gira a Nueva York con su uniforme de trabajo: minivestidos plateados que dejaban los pechos al aire, en una época en la que ni los hombres se quitaban las camisas sobre el escenario. En la Gran Manzana las cosas fueron distintas. La primera noche tocaron más de una hora y acabaron con la policía encima, acusadas de “atuendo inapropiado”. Les hicieron un juicio y el veredicto fue que podían seguir, pero con pezoneras, como si dos círculos de tela fueran a salvar la moral de los Estados Unidos (hay fotos circulando en Internet que demuestran que usaron las pezoneras en algunos conciertos). El escándalo corrió por los diarios y, de paso, les dio más publicidad que cualquier campaña pagada.
En agosto del mismo año vino otro escándalo, ahora en Las Vegas, durante un show en el casino Aladdin. Apenas subieron al escenario, apareció un delegado del sindicato Musicians Protective Union con una amenaza: o se ponían blusas o echaba a todos los músicos del hotel. Ellas, por supuesto, siguieron en lo suyo.
Y así se fueron armando broncas y desorden cada vez mayores en cada ciudad, pero su éxito crecía y hasta se fueron de gira a Canadá y a México. De vez en cuando las expulsaban de un pueblo o pasaban la noche en una celda de la comisaría local, pero no les importaba. Solo querían tocar música y revolver el gallinero. En una entrevista para un periódico les preguntaron si tenían conflictos morales con mostrar las tetas, a lo que respondieron: “¿Y por qué los tendríamos?”.
¿Y sabes qué es lo más curioso de esta historia? Que en Dinamarca también apareció un grupo, más o menos en la misma época, que también se llamaba The Ladybirds… ¡y que también tocaba en topless!
Las danesas eran más psicodélicas y tocaban canciones de The Yardbirds y les fue muy bien; hasta tocaron junto a The New Yardbirds, que poco después cambiaron su nombre por Led Zeppelin. Hicieron giras por Europa, donde si bien los escándalos eran menores que en Estados Unidos, tampoco es que pasaran desapercibidas. Grupos moralistas las denunciaban e intentaban sabotear sus shows. Una vez lo consiguieron, cuando la cantante de la banda, en medio de una canción, se entusiasmó tanto que sacó también la parte de abajo del bikini. Fue una de las pocas veces que tuvieron que pasar la noche en el calabozo.
En fin, las all-girls bands de los 60 fueron unas pioneras que, con mayor o menor éxito, desafiaron un sistema musical que no estaba hecho para ellas. Incluso dentro de un movimiento marginal como el garage rock de los 60, las mujeres tuvieron una posición lateral. Es más, si escuchas cualquier compilado de música garage, lo más probable es que no aparezca ninguna banda formada solo por mujeres. Quizás alguna banda de hombres con una mujer en la voz y nada más.
Cuando el garage murió a fines de los 60, estas bandas lo hicieron con él. Poco se sabe de grupos de mujeres posteriores que hayan tenido una relación cercana con el rock and roll más duro hasta la aparición, a mediados de los 70, de The Runaways. Formado por Cherie Currie, Lita Ford, Joan Jett, Jackie Fox y Sandy West, el grupo se movía entre el hard rock y el punk, y clavaron algunos hits como “Cherry Bomb” (1976), una canción que es un regreso al rock and roll más salvaje y desafiante, con una letra que dice: “No puedo quedarme en casa, no puedo quedarme en la escuela
Los viejos dicen ‘pobre, pobre tonta’. Por la calle soy la chica de al lado, soy la zorra que estabas esperando. ¡Hola, papi! ¡Hola, mami! Soy tu ch-ch-ch-cherry bomb. ¡Hola, mundo! ¡Soy tu chica salvaje! Soy tu ch-ch-ch-cherry bomb”.
En “Cherry Bomb” hay un evidente diálogo con la rebeldía primigenia, el presentarse ante el mundo como alguien salvaje, en movimiento, que no puede quedarse en la escuela porque es un lugar que le oprime. En este sentido, “Cherry Bomb” es una declaración que endurece la postura desafiante de “What a Way to Die” de The Pleasure Seekers, pero dialoga también con el rock and roll de los años 50, como con “The Wild One (Real Wild Child)”, una canción que incluso será versionada por Joan Jett tras la separación de The Runaways.
Pero “Cherry Bomb” también lanza líneas hacia el futuro. Por ejemplo, el clásico punk feminista “Rebel Girl” (1993) de Bikini Kill, la banda de la fundadora de del Riot Grrrl, Kathleen Hanna, está absolutamente en diálogo con la canción de las Runaways, tanto en la letra como en la música. Es más, la versión grabada en estudio más popular de “Rebel Girl” fue producida por la ex Runaways Joan Jett, quien además tocó guitarras de apoyo e hizo coros.
Diálogos que unen rebeldías que se transforman, se radicalizan. De chicas rebeldes y salvajes, también ellas lo hicieron antes.

Este texto es un capítulo del libro “No somos Beethoven. Una genealogía del punk antes del punk” (Santiago-Ander Editorial, 2026) de Emilio Ramón.

