Metallica: Ir o no ir, he ahí el dilema

A comienzos de este año comenzaron los rumores de que Metallica retornaba al país por cuarta vez, desde el 2010. Lo que, posteriormente, fue confirmado y la fecha inicial se fijó para el mes de octubre. Sin embargo, la productora encargada del evento (T4F) consideró más propicio correr la fecha a uno de los dos últimos meses del año, al encontrarse con tantas bandas de renombre arribando los escenarios de este país este segundo semestre. De modo que no existe ninguna certeza ni seguridad de que este año se tenga el privilegio de, nuevamente, presenciarlos. Y aquí entra la pregunta para aquellos que aún no los han visto en vivo; ¿Realmente vale la pena ir a verlos?

Por Francisca Tassara

Los fanáticos de Metallica, generalmente, es uno de los públicos más puristas en cuanto se refiere a legitimar la muerte de la carrera de esta banda. “Sin Burton no vale y después del Black Album/Homónimo (1991) todo se desmorona, etc” Es una de las cuantas clásicas frases que hacen a la gente cuestionarse si después de todo valdrá la pena ir a ver a una banda, que parece haber tomado una seguidilla de malas decisiones musicales. No obstante, es innegable el legado que dejó en la industria, y que tal vez una alta mayoría vaya a verlos, con algo de aprensión, en honor a lo que fueron alguna vez.

Por supuesto, “mi viejo Metallica ya no es lo que era” Porque extrañamente los grupos se quedan en la cúspide de la gloria musical. Y aquí existe una demanda a la excelencia de discos tan perfectamente hechos como Kill ‘Em All (1983) comparado a lo nefasto de St. Anger (2003), donde los fanáticos más acérrimos salieron casi con antorcha en mano y rastrillo, cual inquisición musical por aquella desastrosa creación.

¿Se les estará exigiendo mucho?

Hay que considerar que previo a la pérdida de los dos integrantes emblemáticos, Metallica era una de aquellas bandas que se conformaban por un equilibrio casi astral, que hicieron de ellos lo que son hoy en día como una marca registrada. La alta sensibilidad auditiva de Cliff Burton, combinada con el espíritu esencialmente trash de Dave Mustaine daba como resultado un sonido potente e innovador. No obstante, posteriormente las cosas tomaron un rumbo distinto. Ninguna de las nuevas incorporaciones pudo equiparar de algún modo las pérdidas, y no es que lo hayan intentado ni tampoco que hayan pecado de malos músicos. Cada uno tuvo y tiene su propio sello personal. Simplemente fue algo que no se dio como antes, pues en su momento fue una armonía irrepetible.

Sin embargo, no hay que desmerecer el talento técnico que tienen los integrantes actuales; James Hetfield, como piedra angular que mantiene en pie a la banda, definitivamente tiene el alma pero no siempre tuvo la voz. A lo largo de su carrera como vocalista evidencia un trabajo notable en cuanto a técnica de canto y una voz más pulida, lo cual se puede comparar con trabajos como Master Of Puppets (1986) en restrospectiva, con el trabajo que hizo en Orgullo, Pasión y Gloria (2009) para caer en cuenta de la gran mejoría. Por otra parte, hay que dejar de tratar de proyectar carencias y hacer caer en comparaciones a Burton con Robert Trujillo. Lo que no tiene en potencialidad creativa e innata lo paga en técnica y talento, pues basta con arrojar el dato de que Jason Newsted (Bajista previo) nunca tuvo las agallas para tocar “Orion”, cuestión que Trujillo realiza a la perfección. Asimismo, Kirk Hammet se ha perfeccionado a través de los años, encargándose de obtener un sonido pulcro y más serio. Por último, Lars ha mantenido la misma linealidad musical en cuanto a percusión, por lo que no se evidencian grandes cambios. Es así que hoy en día y con todos aquellos cambios lograron obtener, en cuanto a calidad musical, un sonido algo más maduro y menos de garaje.

Lo más importante que cabe resaltar es que pareciera existir una conciencia por parte de la propia banda, acerca de la recepción de sus últimos discos. Finalmente, Metallica es una banda que a pesar de sus altibajos conoce lo que su público necesita en los shows en vivo, y preparan los setlist procurando incluir los grandes clásicos que los hacen tan identificables. La mayoría de los fanáticos ya no puede esperar mucho de los nuevos discos de Metallica, pero en definitiva no se los puede perder en vivo. En donde existe una objetiva calidad, sobre todo la nostalgia de toda una época, y tal vez de tiempos mejores. Concluyentemente, un buen fanático a sabiendas de todo aquello tiene como deber personal ir, pues difícilmente arrepentirá.

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