Entrevista con Alejo Auslender: Una historia del Under de Mierda

Alejo Auslender es el autor de El Coso del Rock Diario íntimo del under (Gourmet Musical, 2019), guitarrista de Deportivo Alemán y de la inconmensurable Rosario Bléfari de Suárez. En los primeros meses de la pandemia lanzó el álbum solista La Corona, suerte de banda de sonido apócrifa de la serie web The Crown, creada por Peter Morgan. 

Por Ricardo Cabral
Fotos: Natalia Berninzoni, Leonel Crets, Ariel Auslender

El Coso del Rock es una minuciosa bitácora sobre el devenir del Deportivo Alemán, un trío de indie rock que acciona entre la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Y que pertenece a lo que Alejo Auslender llama “el under invisible”, “UdeM” o “Under de Mierda”. Con un pulso de escritura delicioso, crítico, plagado de humor agudo y sagaz, ofrece un panorama exhaustivo de una escena subterránea, con sus clichés y la esperanza de alcanzar el “Coso”: un momento de éxtasis en la interpretación en vivo de una canción cercano a la perfección. 

No, no, el “Coso” no es eso, en sus palabras quizá lo podemos elucidar:  “En cierto modo, es escalofriante que el Coso sea tan independiente de uno, pero al mismo tiempo es prueba de que puede existir una forma de comunicación previa al lenguaje, imposible de manipular: el Coso es el lugar donde se apoya el amor a una banda. Una canción le puede gustar a cualquiera, pero para que te enamore una banda te tiene que gustar su Coso”. Y de yapa, el libro contiene un posfacio de Rosario Bléfari, compositora, actriz, escritora, pintora y una de las voces más preciadas en la constelación independiente Argentina, que falleció en julio pasado.

 -¿Publicaste algo antes de El Coso

Había publicado algo en Tumbrl, de un flaco de Twitter. Se llama La Sandanga y yo ponía datos cortos, alguna cosita, pero nunca una edición. Eran textos, viñetas, nada demasiado elaborado. Pero ya venía escribiendo los posteos del Deportivo Alemán en Facebook. Y eso que Facebook es una cagada porque buscaba textos viejos y son re difíciles de encontrar. 

-¿Seguiste con el diario una vez que publicaste o se clausuró ahí?

Mi idea era terminar, cerrar y decir “no escribo más”. El asunto era “tocamos y escribo”, sino no lo iba a hacer jamás. Si había una fecha, la tenía que consignar. Soy vago. Si no me creo yo mismo la obligación de hacer algo, no lo voy a hacer. 

-Lo dejás sentado en el libro: músico oficinista pero con un margen importante en relación a lo “vago”.

Lo mejor del mundo es no tener nada que hacer. Hay gente a la que el ocio le produce una suerte de horror vacui. Mi mejor momento de la semana es el viernes, cuando mando el último mail de laburo y no tengo que hacer un carajo. 

-¿En el ocio entra colgarte a ver la liga italiana de fútbol, por ejemplo?

Eso es un consumo problemático. Soy un adicto al fútbol. Miro cualquier partido donde creo que hay una competencia o al menos está en juego el interés de alguien. Por eso no veo la liga alemana, a menos que juegue el Bayern contra Dortmund. No es divertido ver al Bayern aniquilar a otro equipo. ¡Además no hay gente! Antes de la pandemia veía los partidos de la B Metropolitana como un Fénix – Sacachispas y ahí me ponía a hacer fuerza por uno o por otro.

UN PIQUE POR LA CORONA

-La concepción de ocio va por ahí más que nada…

Veo series también, pero tengo mucho prejuicio con el tema de… la concepción mediática, cómo enfocan al chabón que es la conciencia de la serie y sabés que ese es el que se va a morir ahora. Pero una serie donde no reconocés a ningún actor ya es un buen indicio. En el caso de The Crown yo entré porque actúa Jared Harris de Mad Men y Chernobyl. Al resto, no lo conocía. Y aparte me interesó el tema de por qué existe cotidianamente la monarquía. Te das cuenta de que es como un papado, donde hay una especie de liderazgo carismático basado en un consenso para decir “esta es la persona en la cual se cifran nuestras creencias…”. Es una emanación física del pueblo. Entonces ves a la mina que está todo el tiempo entre ser una persona -que ya no puede ser más una persona-, y ser esa especie de ser humano -casi que no-, una entidad simbólica. 

Foto de portada de La Corona: Natalia Berninzoni

-En la 2da temporada, capítulo 4 creo, cuando van a fotografiar a la Princesa Margarita (hermana de Isabel II), alguien intercede consultando si pueden hacer algo más moderno y un asesor responde algo así: “no, la gente quiere fantasía. La mujer que está planchando en su casa necesita transportarse a un mundo de hadas”. Y tremenda escena cuando la reina es ungida por el arzobispado. 

Y eso no se transmite, está oculto. Pero a diferencia del papado que es una elección, acá es “ahora vos sos el rey” y no hay discusión. Por eso todo el bardo con este chabón, Eduardo, que se quería casar con otra mujer y si no, “no soy rey”. Eso fue como escupirle en la cara a toda la gente. ¿Cómo ponés condiciones para ser rey?

-Casarse con la Simpson, alto novelón. 

Después salta todo el tema de los nazis. Este forro negoció con Hitler, se sacó fotos frente a un campo de concentración. 

EL UNDER DE MIERDA

-El under de mierda es casi una institución…sin patrones.

Sin patrones, sin empleados. Veo cosas de algunos compañeros que dicen “por qué le dan bola a esa banda, eso es el falso indie”. Debajo está la protesta del “por qué no me vienen a ver a mí”, “che, compartan las cosas que hacemos”. ¡Eso no sirve! Nadie nos pidió que hagamos esto, nadie te pidió que hagas un tema. Vos no podés demandar una audiencia que no sabe que vos existís. 

Hay una escena de El Padrino II, que es buenísima, donde está Michael Corleone (Al Pacino) en Cuba con Roth (Lee Strasberg), un mafioso judío que le dice “poné plata acá en Cuba”, que va estar todo joya. Era 1958, año de la revolución, todo se iba a la mierda en cualquier momento y Al Pacino lo apura: “yo quiero saber quién me mandó a matar”. Aprieta al viejo y éste se calienta y le responde algo así: “mirá, cuando mataron a Moe Green, que era un amigo mío, le pegaron un tiro en el ojo. Era un jetón, era un boludo, pero el chabón fundó Las Vegas”. Y le tira: “nosotros estamos en esta, este es el camino que hemos elegido”, como diciendo: “quién mató a tal, a mí me chupa un huevo”. Y acá pasa lo mismo: este es el camino, nadie te puso una pistola en la cabeza para que grabes tus canciones. Lo tenés que hacer porque sino te morís internamente. De ahí a demandar “haceme una nota”, “vengan”

-Hiciste una laburo de cronista que tiene el carácter minucioso del periodismo de vieja escuela, que traducía cada detalle de la escena, se valía de las listas de canciones y con eso te construía una historia.

Fue hacer un diario desde nuestra perspectiva, cómo vemos a los demás en el Under de Mierda. En las redes sociales existe mucho lo de bardear una banda que no te gusta. No le veo mucho sentido, todo el tiempo sale mierda y sería como bardear a La Berisso, ya es un cliché.  Lo que pasa es que es más redituable un tuit hablando mal de una banda que hablando bien. 

Interiores de El Coso…

-Hablando de ‘matar gente’, la alusión a Corrientes en el libro va de la mano con suprimir a las murgas. Supongo que similares calificativos le va a los grupos de chamamé.

No, no.

-¿Tenés en tu background musical alguna banda digna de mención de esa procedencia?

El tema es así: yo nací en Buenos Aires, luego me fui Santiago del Estero, regresamos a Salto, Provincia de Buenos Aires y en el ‘87 nos fuimos a Goya. Me copan la chacarera, el tango, pero tampoco me gusta decir “me gusta la chacarera”, toda no. Me gustan algunos intérpretes: Los Hermanos Ábalos, por ejemplo, y del chamamé, Mario Bofill. Cada género tiene su parte comercial y después hay gente que le puso un esfuerzo de renovación. Como en el rocanrol, personas que hacen que el género viva. Si hacés lo mismo siempre lo matás, hay que buscarle una vueltita para que perviva. 

ESTO HA SIDO HIPERHUMOR

-El humor inteligente y la ironía atraviesan gran parte de El coso. ¿Tenés referentes en esa vía?

Tengo un código de humor que ya está formateado por Conan O’Brien. El chabón escribió los episodios de la época dorada de Los Simpsons y me di cuenta después que me había formateado con ese tipo de humor de sketch yanqui, que a su vez, está inspirado en los Monty Python británicos. Los pasaban por la PBS que era la Public Broadcasting Service, como ATC, y se ve que compraron un paquete de la BBC y lo pasaban a las 12 de la noche. Todos los jóvenes de los primeros setenta medio fumados se prendían a la tele y vieron eso: de ahí salieron los formatos tipo Saturday Night Live y el resto. El formato sketch existe hace mil años, pero ese formato medio anárquico que no se sabe bien lo que va a pasar, eso nace de Monty Python. Y yo me río con eso. Después Kids In The Hall, Cha Cha Cha, el del ‘92, ‘93. Después está el stand up. Me decís, ¿te gusta Moldavsky? No. El Eddie Murphy de Delirious. Murphy venía haciendo películas de mierda hasta que un día descubro eso, y digo “esto es stand up”, un tipo que se levanta ante una multitud y larga “escuchen lo que tengo para decir”. Y es una experiencia física tremenda, el tipo transpira una hora al palo. 

MÁS COSO SIN COSO EN EL ROCK MAINSTREAM

-En un momento en el libro bardeás a todos los discos solistas del Indio Solari, ¿no hay uno que se salve?

Yo soy fan de Los Redondos hasta Momo Sampler, que es un disco con el patrón de producción que siguió el Indio después. Parece un disco de Garbage: el exceso del estudio. Los discos de Los Redondos anteriores son todo lo contrario: escuchás “Canción para un naugrafio” y ahí lo notás. Pasa lo mismo con los discos de Skay. No tiene eso de grabar un tema con la banda, es recluirte en tu propia paja. 

-Y mencionás lo de los violeros… mucho virtuosismo pero…

Los tipos se tocan todo, pero bueno, tocá menos. Tocá un poquito, algo. Yo tengo una historia con el “menos es más” total. No me gusta lo cargado, salvo New Order ponele. Sino suena a un empaste. Me da bronca que él se tapa la voz con toda esa mierda. Cuando lo ideal sería “meté una base simple y cantá”. Lo mejor de los temas del Indio son los temas que se pueden cantar. 

Ya llega a tal punto la convocatoria de un artista que no importa que saque. Arrancó la maquinola y te volviste un artista top y ya está. Eso me pareció verlo con Los Piojos en su momento. Sacaron un disco y ya está, no había una etapa de ver si el segundo disco está bueno o no. 

UN LIBRO Y LOS TOQUES CON ROSARIO

-Llama la atención que en el libro no hay una sola alusión a tu participación en la última banda de Rosario Bléfari. ¿Te parecía innecesario o fue porque no formaba parte ya del under invisible?

Más que nada porque Rosario y Suárez para mí son lo más. Lo más de lo más. Lo siento desde la primera vez que vi a Suárez en vivo. No pude ver a Sumo y Los Redondos en los ochenta. Pero vi a Suárez cambiar sus performances de un recital a otro, las diferentes estructuras de sus canciones. Es el componente de no saber qué va a pasar, me gustaba eso. Manejaban el show y las canciones según el estado de ánimo de ese momento. Yo no había visto antes eso, y el resultado era muy bueno. Después, nombrar a Rosario -que es lo más-, me parecía sacar chapa, poco ético. A sabiendas de lo que representa para mí ese nombre. 

En la penumbra, de izq. a der.: Alfredo Rosso, Alejo, Rosario y Leandro Donozo. 

Foto de Ariel Auslender

-De todos modos ella aparece en el posfacio y no en el prólogo.

Esa fue idea de ella. De hecho, me dijo en 2016: “estaría bueno que hagamos un libro con esto”. Estaba fanatizada con el tema del manual, del tratado, quería escribir una especie de obra monumental sobre lo que era el arte de hacer cosas. Por eso tomó clases de escritura en el IUNA, quería tener un fundamento escolástico, como un título para hacer una obra literaria. Esas cosas que se le ocurrían a Rosario. Aunque yo le reprochaba: “¿quién te va a decir algo a vos?”. Es Rosario.

-Y ya había transitado con decoro la música, el teatro, el cine…

La mina era tan grosa que nunca se creía un sorete. Me decía: “yo quiero aprender porque quiero explicarlo bien”, quería hacer una obra re ambiciosa. Y bueno, quería hacer algo parecido con esto. Yo haría la parte práctica, el ejemplo práctico. Con esa idea fuimos al Gourmet y dijeron “¡sí!”. Y después nos dimos cuenta que no daba, que era mucho kilombo, ella estaba haciendo mil cosas al mismo tiempo. Mucho más tarde Leandro Donozo lo leyó de una y dijo esto ya está. Entonces Rosario tiró “yo te escribo el posfacio”. Bueno, listo. Pero todo nació de ella. ¿Cuál era mi salida? ¿Hacer una edición mía? No iba a hacer el laburo de ir por todas las editoriales a pedir por favor que me publicaran. 

-¡Con todo lo que ya habías invertido en el under de mierda!

La diferencia entre la banda que teníamos antes, El Pinche Tirano, y el Deportivo Alemán, es que dijimos “nunca más vamos a pagar por tocar”. Nada de rendir entradas, las pelotas. Nosotros compramos los instrumentos, cuerdas para tocar, ok. No voy a estar pagando para que me publiquen un libro.

-¿En qué año empezaste a tocar con Rosario?

2013. Yo ya la conocía por Natalia (Berninzoni), teníamos relación. Y un día la había visto tocar “Región Central” en un lugar en el microcentro que es horrible, parecía hecho de merca. Tocó con Jesica (Ojeda) creo, Pablo Córdoba, los tres. Después ella hizo ese tema en un programa de radio online, lo bajé, lo pasé por el IPad y le agregué setecientas guitarras a lo indio y se lo mandé. “Está bueno”, dijo. “Si algún día lo grabo, lo tocás vos”. ¡Sí!!! Y al par de meses después tocó en La Playita de Roseti, y me dijo vamos a hacer un par de temas. Tocamos “Región central” y “Mañana”. Después me siguió llamando un par de veces más así, y cuando armó la banda para su proyecto solista. En realidad para dos: una superbanda y otra itinerante, con Federico Orio. Después se sumaron Marcelo Moreyra y Nico Merlino (de Mi Pequeña Muerte). Marcelo en guitarra acústica, que es un crack total, Merlino en bajo, Orio en batería y ella iba a cantar. Porque estaba bueno que no estuviera atada a un instrumento. Como Marcelo tuvo que hacer una gira con Mujercitas Terror, se le complicaba y tuvo que dejar. La idea original era tocar los cinco. Y con esa banda tocamos dos veces en 2016, en el Centro Cultural Rojas, estuvo buenísimo, y en un coso con Bestia Bebé en el Matienzo nuevo. Y de ahí quedamos como cuarteto.

De izq. a der.: Nico Merlino, Rosario, Alejo y Federico Orio. Foto de Natalia Berninzoni

-Y a la par ella estaba con Sue Mon Mont…

Y con la vuelta de Suárez, un malabarismo de cosas. Y aparte por la forma de ser de Rosario, que no había forma de que no cantara el tema todo lo bien que pudiera. Si íbamos a ensayar, si bien ensáyabamos poco, no cantaba los temas así nomás. Los cantaba bien, full estreno. Nunca me dejó de sorprender que una vez que toqué en vivo, me hubiese gustado estar viéndolo, no tocándolo. Era una cosa rara. Me estoy perdiendo de algo por estar concentrado…

-Y… Tanto tiempo como espectador.

Pero igual era tocar con Rosario… Tocar con una persona así te hace mejor músico. Esa forma de componer era absurda: pensabas que iba tal acorde y no, iba otra cosa. ¿Y por qué? Era la forma que había inventado ella. A “Estaciones”… nunca me acostumbré a tocarlo. Por ahí no tiene sentido, está mal hecho, ¿por qué? (nombra las notas). A Merlino, que es un capo tocando el bajo, le pasó lo mismo que a mí. Vos estás acostumbrado a tus estructuras, a tus temas, ya los sabés. En cambio la suya era otra manera de pensar la música.

DEPORTIVO ALEMÁN + ALEJO ALEMÁN + BOLUDO DE MIERDA

-¿El Deportivo siguió activo durante la pandemia?

Nosotros (refiere a él mismo y al Pipa – Fernando Alemán) sufrimos la partida del baterista, que se volvió a Goya. Estamos con el problema de que ahora somos dos cabezas nomás. La falacia del Indio, nosotros vamos a hacer todo. Ya perdimos una cabeza para hacer los temas. Y el Negro (Horacio Solís) aportaba mucho. Lo que estamos haciendo ahora es un tema que nos pidieron los de Saturno 5, de San Miguel, para hacer un video. Impresionante. El Under de Mierda es menos de mierda por ellos, ellos no son mierda, ¿eh? Filman artistas que nadie más va a filmar, le dan material audiovisual, te están regalando algo. Con una visión de la cultura… Si yo puedo difundir algo, lo voy a difundir porque me gusta, una curaduría, hacen un video y se lo muestran a la gente. Quieren hacer un tema para un compilado. El tema por ahora no tiene batería y no va a tener. La idea es hacer algo para remedar la falta del baterista sin batería. No vamos a llenar un hueco, lo dejamos nomás.

De izq. a der.: El Negro, Alejo y Pipa. Foto de Leonel Crets

-De todos modos subiste unos tracks como Alejo Alemán en el Bandcamp. Da gracia en el libro la acertada descripción sobre los músicos experimentales y la autofelación. Y “Estoy acá adentro” es una pieza instrumental en consonancia, bien cuelgue.

Literalmente experimental porque fue lo primero que grabé con el coso que compré, una placa. Mi primera compra pandémica fue una placa de sonido. Grabé el loop, tenía una lupera que se me rompió, la gran tragedia. Estaba experimentando cómo se graba con esa verga. 

-Y de ahí saltaste a La Corona, la banda de sonido de la serie o lo que fuere. 

Bueno, es un poco como el tema de escribir. Me propuse hacer un tema por día sobre los personajes de la serie. 

-Fue en el comienzo de la pandemia.

Sí. Me llegó la placa y empecé a grabar. Hice uno por día. Me salió rápido porque es algo paródico, si tuviera que hacer algo de verdad, no sale ni en pedo. Yo funciono por ese lado, no soy creativo. Me gusta agregar a lo que otros hacen, le pongo un acorde, una boludez, me gusta ese rol. Porque lo otro implica una desnudez… con la que no me siento cómodo. La Corona es un disco en joda, pero bueno…

-Es un disco en joda pero tiene piezas que se concatenan, es una obra cerrada. Tenés los personajes, te cuenta una historia.

Sí. Me resulta fácil porque me decís “escribí sobre esto”. Bueno. Agarrar un sentimiento difuso y bajarlo a la palabra es una cosa más complicada.

-Estuvo bueno que le diste protagonismo a Tommy Lascelles.

Claro, al principio decía “mirá este forro, bigotudo de mierda”. Y el chabón es un sostén de las instituciones, que actúa desde las sombras. Porque también es esa: conviven en un palacio gente que tiene sangre azul, “divina”, con estos “ayudantes”, que tratan de mantener la dignidad de toda esa poronga y evitar que se rompa. De hecho la mina en un momento está esperando que le pongan un ordenanza joven, que ya tenía de antes y le dicen “no”, sigue en la línea sucesoria Michael, que es de madera. El chabón se retira, va a la casa, tiene sus soldaditos de guerra el pelotudo, pero bueno, es su retiro. 

-A La Corona le siguen “Hentai” y “Sol insolado”. ¿Son adelantos de algún flamante álbum bajo el seudónimo Boludo de Mierda? 

Al no tener ejercicio de banda, fueron ideas para hacer cosas y ponerlas en algún lado. Justo estoy con un pedal, máquina de ritmo que es muy fácil de programar y hago esas boludeces. Le puse un seudónimo nomás. También me gusta hacer algo que después yo pueda tocar. Y eso no se puede tocar, no me acuerdo qué mierda toqué. Me da gracia lo del Boludo de Mierda porque me puedo poner a hacer surf.

-Al escucharte y por el libro se puede inferir que te copan Suárez, Dios, Norma. Y en tanto a las nuevas generaciones, ¿hay algo que hayas visto que te provocara algún impacto?

Cuando empezamos a tocar, lo hacíamos en lo posible con bandas que nos gustaran a nosotros y nos hicimos amigos de los Paul Está Muerto. Es una banda buenísima y esto los cagó un poco, porque iban a sacar un disco con la nueva integrante “Ukelele”, se llama Rocío pero es su nombre artístico, y le dio a la banda una perspectiva totalmente distinta y que sumó una cabeza creativa más. Ellos son cuatro pibes re contra creativos y esta adición de Uke los potenció. Entonces estaba esperando que hagan un disco y justo se cortó ahora. 

Y después hay una banda que invitaron ellos a tocar, una banda de Chascomús que se llama Costas, que hacen una onda medio electrónica, con guitarra, con unas bases zarpadas y con melodías que son propias de un tipo que canta como a él le parece y así está bueno escuchar algo que no escuchaste nunca. Con guitarras muy procesadas, teclados, que me pareció buenísimo y sacaron un simple hace poco. Y están evolucionando de manera espectacular. 

También sumaría a la banda Cabeza de Niña, una banda de Zona Norte que va por ese lado. No es por la gente que conozco yo, sino por el vivo. Hoy cualquiera te graba una canción más o menos bien y hay ahora un estándar de producción que veo repetido en todo el mundo. Es natural, aunque eso produce cierta homogeneización que no está buena. Y después en vivo no son así, por eso después tengo una duda. En cambio vi estas bandas en vivo, también a Los Suplentes, Darwin. Siento que necesito verlas en vivo para apreciarlas, para decir si te gusta o no.

-Son bandas que tienen “El Coso”.

Tienen un coso. Las veo y digo: “I´m in”, jajaja.

El Coso del Rock. Diario íntimo del under se consigue en Chile en Busca Libre, Trayecto Bookstore, Que Leo Chile y+. 

Deportivo Alemán se puede escuchar en cualquier plataforma (Recomendamos esta entrevista de Claudio Pombinho en Radar, Página/12)

También podés escuchar a Alejo Alemán en Bandcamp.