Polaroyd: una banda power! …

Una potente ola de rock-pop fue la que cubrió a Valparaíso este fin de semana. Se trató nada más y nada menos que de los chicos de Polaroyd con el lanzamiento de su segundo disco: Panóptico.

Por Daniela Valenzuela

Muy amigables, espontáneos y con una sonrisa a flor de piel nos recibieron  en el  Bar La Tertulia, Víctor Araneda (voz y guitarra), Felipe Martínez (bajo) y Juan Casellas (batería y secuencias); quienes estaban ansiosos por tocar en el Puerto, el cual no pisaban como banda desde el 2007.  Rodeados de lámparas multicolores que colgaban desde el cielo y degustando una especie de Twistos con una dudosa salsa verde, cortesía de la casa, Polaroyd  nos contó detalles de su núcleo y que, por el momento, se encontraban haciendo una gira promocional de su segunda placa Panóptico, continuación de su debút Agrisú en el 2007.

Estos músicos oriundos de Santiago y Puerto Montt se conocieron por internet y llevan una trayectoria de 9 años a cuestas. Juan fue el último en integrarse en el 2005, luego de la salida de Simón Valenzuela. El nombre de la banda no se debe a una devoción por las cámaras fotográficas instantáneas, ni por alguna conjunción astral, sino que fue porque fonéticamente tenía estilo, aclara Víctor. Se declaran como una banda visionaria que ha sabido como explotar su género a cabalidad y han descubierto en la simpleza de las secuencias la adición de nuevos elementos a su música.

Gira por Ecuador en el 2008

¡La raja! , responde Juan cuando le preguntamos acerca de su triunfal paso por el trópico. Todo comenzó cuando Víctor en su universidad se contactó con un sonidista ecuatoriano que les ofreció ir como músicos a su país. Junto a un manager empacaron sus maletas y partieron a lo que sería la aventura de sus vidas. Dos semanas de fama absoluta. La agenda de Polaroyd completamente programada. “Desde las 8 de la mañana a las 9 de la noche teníamos entrevistas en muchas radios, televisión y diarios poderosos”,  recuerda Juano.  “Una vez salí a comprar el diario y me encontré con una plana entera con una foto de nosotros”, exclamó Felipe con sorpresa.

Reconocen que no dudaron en visitar por su cuenta la Embajada de Chile en Ecuador, en  la cual los recibieron con los brazos abiertos. Allí, conocieron al Cónsul quien se puso feliz al ver a una banda chilena brillando en esas tierras. Tuvieron muchas presentaciones, donde la gente coreaba sus canciones que hasta el momento eran la sensación. Tocaron en restaurantes exclusivos, carretearon con el Jet-set ecuatoriano, en la calle se daban vuelta a mirarlos e hicieron muchos amigos y contactos que aún siguen en pie. “Lo pasamos chanchísimo “, recalcó el vocalista.

Cabe destacar, que la agrupación no sólo suena a nivel local y bueno en ecuador, sino que años atrás se ganó un lugar en el corazón de otro pueblo: el americano.

La música, su gran pasión

Si bien Felipe, Víctor y Juan entregan su alma en los escenarios, cada uno tiene una profesión o está en el proceso de conseguirla, lo cual les toma una gran parte de su tiempo. Ingeniería en Comercio Exterior, Pedagogía en Inglés y Psicología respectivamente. Nos confiesan que  sus carreras son una especie de complemento, ya que es lo que se necesita para sobrevivir en el mercado. De hecho, todos sus trabajos, giras y publicidad son producto de su bolsillo. No obstante, la utopía es vivir 100 porciento de su trabajo artístico. Reconocen que en Chile es muy difícil vivir de la música. Asimismo, declaran que están de acuerdo con descargar canciones de Internet, ya que sirve para la difusión, “no hay nada que perder, al contrario, el fan lo va a comprar igual, ya que el disco es una carta de presentación power” nos expresa Juan.

Dentro de la banda, cada integrante cumple un rol de acuerdo a sus habilidades y conocimientos. Felipe, además de ser el bajista, toma las riendas en la administración; Víctor compone y se preocupa de la propaganda y “Juan acata”,  entre risas molestan a su amigo que es el psicólogo laboral del grupo. · “No hay rivalidades, las decisiones son unánimes, los roles están bien definidos, funcionamos como una empresa”, argumenta Polaroyd.

Luego de esperar que hagan las últimas pruebas de sonido y de comernos unas singulares papas fritas con cáscara, tomamos una ubicación estratégica en una de las mesas que rodea el escenario. Por casi una hora y cuarto nos deleitamos con la potencia de Polaroyd. Una banda que mezcla armoniosamente el rock-pop con la electrónica. Baterías agresivas con platillos bien power, como diría Juan, una voz agradable para todos los oídos y de gran calidad interpretativa. Un bajo y guitarra electrizantes sumados a las secuencias que en este disco integran violines, cencerros y chelos.

Simplemente, una fusión de sonidos experimentales que no pasan desapercibidos. Les deseamos que sigan creciendo como banda y que el éxito los acompañe a donde vayan.

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