Primera Persona Singular X – Parte II

¿Y cuál es su apellido? Es primera amiga de la Sofia que no conozco. ¿Fueron compañeras de colegio? Porque en la Universidad de la Sofita no hay Fotografía

– Mi apellido es Rodriguez. Y no conocí a la Sofia en el colegio. Digamos que nos conocimos a través de un amigo.

– ¿En serio? Sofita, ¿de cuál amigo?- me pregunta

– Salvador, ya sabes como es él. Conoce mucha gente- respondo

– El hijo del embajador, ¿no? Que bien. Lindo niño. Lástima que sea raro

– Los raros son la peor plaga del siglo XX- interrumpe mi papá- Hoy en la misa hablaba de eso con el padre Felipe. Es terrible, terrible como esa enfermedad ha crecido- y vuelve a su puro, en silencio.

Llega la nana con las bebidas. Katya toma un sorbo de bebida, con ansias. Yo me tomo un gran sorbo de vermouth y trago saliva.

“El almuerzo esta servido, señora”, anuncia la nana. “Gracias. ¿Vamos, niñitas?” pregunta mi mamá. “Vamos” y apago el cigarro en el cenicero.

La comida fue, como siempre, fría. No es que los alimentos estuvieran fríos, pero el ambiente…ya sabes.

Mi mamá interrogaba solapadamente a Katya. Sus aficiones, su ambiente, su familia. Que es lo que hace el papá, si la mamá está en las actividades de la Iglesia, para invitarla a unirse a ella…

Llega el café. Ponen trozos de torta. “Sofita, es mi favorita” dice mi mamá. “Katya te la trajo. Yo le dije que te iba a gustar” “Esta niñita me agrada, Sofita. Debes traerla más seguido a la casa, definitivamente” y mi mamá corta el pastel en trozos pequeños, casi incomibles.

Mi papá esta pegado a su Blackberry. “Estos estúpidos de mi oficina no pueden hacer nada sin mí” se queja. “Si no fuera por este aparatito, mi empresa se iría a pique” y se ríe, mientras toma un sorbo de café y prende otro puro.

– Tomemos el café en la terraza. Ya sabes que no me gusta el humo dentro de la casa- dice mi mamá

– Como quieras, querida- dice mi papá- Vamos, niñas.

En la terraza, mi mamá le suelta la pregunta a Katya.

– ¿Y tu? ¿Tienes novio? Porque la Sofita puede presentarte algún ñiñito bien. Tu sabes lo difícil que es encontrar gente como uno en estos días.

– No, la verdad, no tengo novio. Estoy saliendo con alguien, sí. Pero aún no formalizamos nada. Nos estamos conociendo.

– Ay niña, no lo dejes ir. Tienes que ser firme, pero dulce con los hombres. ¿Sabes cocinar? Yo conseguí mi marido porque -aparte de ser de una buena familia- le llegué al corazón por el estomago

– Es verdad- dice mi papá, mientras sigue tecleando en su Blackberry

Katya enrojece. Yo siento mis orejas arder.

– Yo le digo a la Sofita que ella debe conseguirse un esposo pronto. Ya va a los 25 años. Después es más complicado criar hijos y tener una casa.

– Mamá, tu sabes que mi carrera es primero- le digo

– Hija, eso no es excusa. No querrás terminar criando gatos, como tu tía Sandra. Yo siempre le dije a ella que consiguiera marido. Tuvo varios pretendientes, pero ahora esta viviendo con su mejor amiga. Quien lo diría. Y yo no quiero que después anden hablando de ti, hijita. Ya sabes como es la gente de mala.

– Mamá, yo sabré cuando es momento de casarme. Algún día. No me presiones.

– Eres mi única hija. Quiero nietos algún día. Disculpa que hablemos esto aquí, contigo, linda (refiriéndose a Katya) pero tú, como amiga de la Sofita, debes aconsejarla.

– Yo creo que ella debe amar a alguien de verdad para poder casarse – responde Katya

– Bueno, es lo ideal. Pero no siempre pasa- responde mi mamá- ¿Te acuerdas de Cristian? ¿Tu amiguito de jardín infantil? Su mamá me llamó y quedamos en que te ibas a juntar con él esta semana que viene. Es abogado y soltero.

– Mamá, citas a ciegas, no

– Sofía, tienes que hacerme caso. Es una familia conocida. El te quería mucho cuando iban juntos al Jardin. Acá está su número- y me anota el número en una tarjeta- Llámalo el lunes en la tarde, después de las 7. Si no lo haces, me sentiré muy ofendida.

Me quedo mirando a Katya. Ella está en mutis, con el cigarro colgando de la mano.

– Mamá, no puedo. Estoy saliendo con alguién- respondo.

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